Impresiones de Colomé (los infinitos misterios del vino)

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En el departamento de Molinos, al extremo oeste de los Valles Calchaquíes en Salta, se encuentra el poblado Colomé. Aquí, a poco más de 2 mil metros de altura, el suizo Donald Hess tiene una finca, una bodega y un singular museo. Impresiones sobre un mundo feliz.

En mi última visita a Salta conocí la finca que el multimillonario suizo Donald Hess posee en esa provincia y que incluye una Bodega, una Estancia y un excéntrico y psicodélico Museo del que me ocupé en el post Museo James Turrel: psicodelia en los Valles Calchaquíes.

Bodega Colomé

Bodega Colomé

Ahora quiero hablarles de otras cosas, de ciertas impresiones que tuve mientras recorría el gigantesco predio de la finca. Luego de una instructiva degustación donde probamos los mejores vinos de Mr. Hess, con unos colegas nos fuimos a caminar y a tomar unas fotografías del lugar. Andando, llegamos hasta los corrales donde se crían los animales para consumo de la propia finca, distante un kilómetro aproximadamente del casco principal.

El sommelier de la bodega preparando la degustación

El sommelier de la bodega preparando la degustación

Antes de llegar, a mitad de camino, atravesamos el pintoresco y cuidado caserío donde viven cerca de 500 personas. Venían con la finca se puede decir. Son nativos del lugar. Mr. Hess les construyó una capilla, un edificio comunal, una escuela y una unidad sanitaria. Todos trabajan para él y viven allí. Es un pueblo pequeño, de construcciones color ocre. La mayoría de la gente vive en casas de adobe.

Casa típica de los pobladores de la finca

Casa típica de los pobladores de la finca

Pero volvamos al paseo y al olor a bosta, que es nuestro tema de hoy. Al acercarnos veo varios corrales con chanchos, conejos, ovejas, caballos y a uno de los empleados paleando la bosta de los animales. La junta en una carretilla y luego la vuelca en una pila donde es mezclada. Ese es uno de los secretos de los vinos de Colomé: el compost. La tierra de todos los viñedos de la finca es abonada con esa mezcla.  El olor a bosta me impacta de una manera especial, me estimula ideas, pensamientos. Me envuelve mientras tomo algunas fotos.

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Uno de los trabajadores de la finca prepara el compost de guano para las vides

Uno de los trabajadores de la finca prepara el compost de guano para las vides

A pesar de que se veía tormenta en la montaña, allí cerca de los corrales disfrutábamos de una luz clara y transparente que limpiaba el aire, apenas atravesado por una leve brisa fresca. Eso hacia que los olores se movieran por el espacio conservando su identidad, casi sin mezclarse entre ellos. Los distinguía claramente.

Observando la preparación del compost, pensaba en todos esos miles de kilos de bosta que retornaban al suelo como abono para las vides. Recordaba lo que nos habían comentado un rato antes: Colomé tiene como filosofía de cultivo la biodinámica. Dicho brutamente, la biodinámica es un método de cultivo que se basa en el calendario maya y en las fases lunares y las constelaciones. Claro que se trata de algo más serio que como lo estoy diciendo y tiene sus conceptos y teorías. En otras palabras -y esto quizá sea lo más curioso de todo en estos tiempos donde florece la conciencia ecológica- se puede decir que Colomé es una finca orgánica y, aunque en verdad es más que una finca orgánica, Estancia Colomé no lo ostenta. Incluso este hecho le vendría de perlas al departamento de marketing, pero no lo utilizan para promocionarse. No les interesa, ni siquiera lo mencionan en las etiquetas de las botellas. Hacen las cosas de la mejor manera posible y con el menor impacto para el medio ambiente, pero no lo utilizan como un valor agregado: les basta con hacer vinos de excelente calidad que les gusten a la gente.

Algunos de los responsables del compost

Algunos de los responsables del compost

Otros amigos de la granja, también responsables del compost

Otros amigos de la granja, también responsables del compost

En todo eso pensaba allí entre los corrales, de pie en medio de la inmensidad, rodeado de montañas de formas y tonalidades fantásticas, inmerso en un océano de aire fresco y puro, llenándome los pulmones con el estimulante olor a bosta que era paleada por el empleado de la finca. Y entonces traté de imaginarme los misteriosos caminos moleculares que seguiría la transformación de esa materia orgánica al ingresar a la tierra, al mezclarse con las raíces de las plantas y al trepar por los retorcidos tallos de las vides para terminar estallando en el dulce milagro esférico de la uva. Y me pregunté: ¿hasta qué punto depende la calidad de los vinos de Colomé del aparato digestivo de los chanchos, ovejas y conejos que allí se crían? ¿cuánto de la sustancia de esa bosta terminará finalmente en la uva aportando a esa amalgama de sabores y aromas que descubríamos un rato antes mientras hociqueábamos nuestras copas de degustación en compañía del enólogo francés Tibaut Delmotte?

No lo sabemos. Tales, son los infinitos misterios del vino.

Tibaut Delmotte, enólogo de Bodega Colomé

Tibaut Delmotte, enólogo de Bodega Colomé

 

2 Comentarios

  1. La bosta es el motor último de las cosas, dijo Sócrates mientras hacía lo suyo leyendo Paturuzito. Luego se retractó, gritó Eureka y dijo: no, es el motor primero.

    Salú colega. Lindo texto.

  2. como el de la gallinita, jaja
    salud!

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