Charla con Samuel Beckett en una comunidad religiosa de Perú

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Una insólita charla con Samuel Beckett en una singular comunidad religiosa de Perú. Me encontraba en Cajamarca y me invitaron a visitar una comunidad religiosa de una localidad cercana. Nunca imaginé lo que allí iba a encontrar.

Entre las muchas y diferentes curiosidades que tiene esta comunidad hay un zoológico. Los animales que se exhiben son varios. Osos, leones, etc. Por supuesto también hay un lago. Y muchos pájaros. Me entretuve tomándole fotos a las aves, animales por los que siento una especial simpatía. Y en eso estaba cuando, a través del visor de la cámara, noto la mirada intensa de una de ellas. Apunto hacia el grupo de pájaros negros que me miran desde las ramas. Busco y acerco la imagen con el zoom y creo reconocer esa mirada, pero en seguida me digo que no puede ser, que debe estar afectándome la altura o que estoy volviéndome loco.

-No, no estás loco, soy yo.
El pájaro me habló sin hablarme, pero escuché claramente su voz en mi cabeza.
-¡No es posible!
-Claro que sí: telepatía. Te saqué la ficha enseguida. Tenés una clara predisposición para los mensajes ultralingüísticos.
-¿¡Pero sos Samuel!? ¡No puede ser! ¡Vos te moriste!
-¿Por qué no? Es cierto que me morí, pero soy yo, o acaso no te estoy hablando. Esto no tiene fin. La vida es la rueda infinita del “molino que funciona a lágrimas”. Sabelo.
-¿Y por qué ahora sos un pájaro?
-No fue idea mía.
-¡Qué flash!
-Sí, bueno, no tanto.
-Por qué, qué hacés durante todo el día.
-Lo que hice siempre, nada. “Me encuentro cada vez más atemorizado por la perspectiva del esfuerzo, la iniciativa e incluso el pequeño afianzamiento de uno mismo que significa ir de un lugar a otro”.
-Es bastante deprimente lo que decís, Samuel. Es porque estás encerrado.
-“Nada supera en atractivo a la abstención” y “no hago nada, con tan poca vergüenza como satisfacción”.
– Pero escribiste muchos libros cuando vivías… de otra manera, quiero decir…
-“Escribo algún poema cuando aparece allí, es lo único que vale la pena hacer…”
-En eso estamos de acuerdo. ¿Y cómo sabés cuándo estás ante la experiencia del poema?
-…porque hay un momento que siento “la frágil sensación de vida naciendo detrás de los ojos, que es la mejor de todas las experiencias”.
-¿Y entonces qué es la poesía para vos? Disculpá que te haga tantas preguntas, pero ya que estoy acá aprovecho, se me está ocurriendo una idea para mi blog.
-No te preocupes, yo también me gané la vida escribiendo, precisamente porque para mi la poesía es “mi manera salvaje de ser incapaz de decir lo que imagino que quiero decir”.
-Samuel, no te pongas muy intelectual porque los intelectuales me aburren. Hablemos de otras cosas. Sé que te gusta leer incansablemente. ¿Estás leyendo algo?
-Sí, estoy leyendo “Los Demonios, de Dostoievski, en una traducción espantosa. De todas maneras debe estar muy mal escrita. Sin cuidado, llena de clisés y periodismo”.
-Epa, todo bien, pero más respeto con el oficio, además, el amigo Dostoievski también se ganaba la vida escribiendo.
-Tenés razón, disculpame. De todas maneras, “¡Qué movimiento! ¡Qué transiciones! Nadie se desplaza como Dostoievski. Nadie capturó la demencia del diálogo como él”.
-Algunos de tus diálogos son bastantes dementes también; leyéndolos, a mi me da la sensación de que siempre estás hundiéndote en un soliloquio introspectivo, hablándote a vos mismo desde infinitas voces…
-…
-No te ofendas, es solo mi opinión…
-No, no me ofendí, solo me acordé que una vez “James Joyce me pagó 250 francos por 15 horas de trabajo corrigiendo sus pruebas. No es necesario que te diga que esto es entre nos”.
-¡Qué rata!
-Y encima, “¡Después los completó con un viejo abrigo y cinco corbatas!”
-¡Más que rata! ¿Y vos qué hiciste?
-“No los rechacé. Es tanto más simple que te hieran que herir”.
-…
-…
-Bueno Samuel, me voy, un gusto che
-Chau flaco…
Le tomé una foto y me fui. De regreso a Cajamarca, observando con tristeza las marcas de las dentelladas que deja la acción de la minería en los cerros,  recordé algo que había dicho Samuel en algún momento de la charla: “uno cree que está eligiendo algo, y es siempre a uno mismo que elige… Un yo que no conoces, si tienes suerte”.
Y en eso volví pensando.
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Nota: los entrecomillados de Samuel pertenecen a fragmentos de cartas que Beckett escribió a amigos, poetas, etc. Fueron publicadas en 2012 como “The Letters of Samuel Beckett (1929 – 1940)” por Cambridge University Press. Una traducción exclusiva de varios fragmentos de estas cartas fueron publicadas por El Diario de Poesía, edición  Nº 83. 

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