Caviahue: excursión al volcán Copahue

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¿Qué hacer en Caviahue en primavera o en verano? Esta época del año brinda muchas alternativas para descubrir uno de los lugares más hermosos de  la Argentina. En los alrededores de la pequeña villa –en un escenario moldeado desde hace millones de años por la actividad volcánica y el desplazamiento de rocas y glaciares- se pueden realizar varias excursiones; incluso, algunas pueden hacerse a pie partiendo desde la villa misma. Una de mis excursiones favoritas es el ascenso a la boca del cráter del volcán Copahue.

Caviahue. A la derecha el volcán Copahue, la cima reflejada en el lago.

Caviahue. A la derecha el volcán Copahue, la cima reflejada en el lago.

Comienza la excursión al volcán Copahue

La combi pasa a buscarnos por el hostel y salimos con rumbo hacia Copahue. Adentro del vehículo ya están el guía y su hijo, la fotógrafa que me acompaña y tres o cuatro turistas más. Saludo y me hundo en un asiento contra la ventanilla. Estoy medio dormido aún y tirito de frío. El lago Caviahue va quedando atrás, a la derecha, y yo lamento terriblemente que a nadie se le haya ocurrido traer el mate.

Afuera, el cielo empieza a cambiar del azul oscuro al celeste y a través de la ventanilla, completamente derramado hacia adentro y como hipnotizado, miro el paisaje que se va iluminando. A lo lejos, la silueta del volcán Copahue se imprime contra el cielo.

Preparativos antes de iniciar la caminata de ascenso

Preparativos antes de iniciar la caminata de ascenso

Luego de haber andado un buen rato por un camino que asciende, sembrado de pozos y piedras del tamaño de una pelota de fútbol, la imparable y potente combi rusa se detiene. Nos bajamos, agarramos los bastones y comenzamos la caminata hacia la cima del volcán Copahue. Está muy fresco, pero como ocurre en esta zona de montañas, el sol igualmente quema. Avanzamos lentamente. Con cada paso que damos, nuestra mirada logra abarcar un horizonte más amplio y el paisaje montañoso se abre hasta el infinito.

Los picos más altos de la cordillera empiezan a dominar el paisaje

Los picos más altos de la cordillera empiezan a dominar el paisaje

A medida que nos acercamos a la boca del cráter el olor a azufre se hace más intenso. “Traten de no concentrarse en el olor, respiren normalmente que pronto se van a ir acostumbrando”, nos dice el guía.

La superficie del volcán cambia constantemente su textura y color

La superficie del volcán cambia constantemente su textura y color

Un desvío improvisado

Luego de andar un rato, el hijo del guía, con quien íbamos charlando al final de la fila india, nos pregunta a mí y a la fotógrafa si nos interesa ver algo especial. Le decimos que sí, por supuesto, y el pibe nos conduce, desviándonos del camino que llevábamos, hasta la boca helada de un túnel que se abre en la ladera del Copahue.

En la boca del túnel, a punto de ingresar a las entrañas del volcán

En la boca del túnel, a punto de ingresar a las entrañas del volcán

Nos metemos en las entrañas del volcán Copahue, tal vez unos treinta metros. Adentro el túnel es liso, oscuro, por momentos transparente. Por canaletas y grietas en las paredes y el piso corre el agua, fría y la caliente. Estamos en las entrañas del volcán, el mismo que cada tanto escupe gruesas columnas de fuego y rocas y obliga a los habitantes a abandonar temporalmente la villa.

Sin embargo, no siento temor, por el contrario soy consciente de que estoy viviendo una experiencia muy singular. Permanecer allí me recuerda mi infancia, cuando los juguetes eran la imaginación. Una imagen aparece en mi cabeza: caminar por el pasillo de mi casa, sigilosamente y a oscuras, fantaseando que lo hago a través de las fauces de un dragón dormido.

Cuevas y grietas se abren en algunos puntos de la ladera

Cuevas y grietas se abren en algunos puntos de la ladera

¡Llegada a la cima!

La llegada a la boca del volcán es impactante. Cuanto más nos acercamos al borde del hueco descubrimos un paisaje de gran belleza. Enfrente nuestro, en el otro extremo de la laguna lechosa, un imponente muro de hielo pende de la pared interna de la boca del volcán. Tiene setenta metros de alto y más de cien de espesor y aún así, abarca solo una parte de la circunferencia del cráter. Unos treinta metros más abajo de donde nos encontramos está la laguna: blanca, lisa, inmensa, aromática. Es algo único, una bella rareza que tal vez desaparezca con la próxima erupción.

El viento sopla con ráfagas intermitentes y violentas. Algunos se acurrucan contra un pequeño muro de piedras que alguien construyó allí para brindar reparo. Otros charlan, otros se alejan para tomar fotos. Ya nos habituamos a respirar el aliento sulfuroso del Copahue. En su conjunto, toda la escena y el paisaje resultan exóticos.

Laguna del cráter

Laguna del cráter

Cuando logro dejar de mirar la laguna de azufre, observo el paisaje que hay a mi espalda. Veo, allá abajo, a Caviahue; en realidad, distingo retazos de colores y reflejos desperdigados entre las rocas y la verde espesura de las araucarias. Si alzo un poco la vista observo a la distancia un contorno rocoso, algo elevado, que dibuja una línea curva contra el horizonte. “Es el borde de la boca del cráter de un antiguo volcán”, dice el guía estirando el brazo y trazando un círculo en el aire. “El lago –completa el guía- es lo que queda de la gran laguna que debió tener el volcán”. Miro hacia la villa. La forma de herradura del lago se imprime como un sello plateado en el paisaje.

Vista del lago Caviahue desde el cráter del volcán Copahue

Vista del lago Caviahue desde el cráter del volcán Copahue

El descenso, con el sol a pleno

El descenso, con el sol a pleno

El retorno

El regreso es más rápido y divertido. Otra vez, por sugerencia del hijo del guía, con la fotógrafa nos salimos del camino y bajamos por la ladera del volcán Copahue, deslizándonos sobre un colchón de pelotitas de roca, aireadas y livianas como la piedra pómez.

El guía nos explica una técnica para descender que consiste en clavar el talón en la aireada y blanda capa de pedregullo volcánico y deslizarlo, para luego, un par de metros más adelante, clavar el otro talón y volver a deslizarnos dando largas zancadas. Nos lanzamos en diagonal por la ladera y descendemos a gran velocidad. Es como esquiar pero sin esquíes. Antes de llegar a donde espera la combi nos detenemos a descansar y esperamos a los demás que vienen bajando por el sendero. La tarde ya está avanzada. Estamos un poco cansados, un cansancio de sol. Solo pienso en llegar al hostel, darme una ducha caliente y tomar una copa de vino al lado de la parrilla mientras se hace el asado planeado para esa noche.

4 Comentarios

  1. Somos un grupo de 6 riders con algo de experiencia y queremos hacer el descenso desde el volcán copahue.
    Viajaremos a caviahue del 1/7 al 5/7 del 2016.
    Ustedes hacen ese viaje? Nos pueden dar una idea del costo?
    Saludos. Guillermo.

  2. Hola! De casualidad tienes alguna recomendación de hostel?
    Saludos

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