El viaje de Odorico (12 años a pie por Oriente)

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Hacía mucho tiempo que quería escribir sobre este personaje que realizó uno de los viajes más espectaculares y enigmáticos que se haya conocido: el de Odorico Da Pordenone, un monje franciscano que en el siglo XIV viajó por Europa y Asia, durante más de 12 años y a pie, para cumplir una misión encomendada por el Papa Juan XXII. Entre las cientos de anécdotas y aventuras que narra Odorico, está la visita que realizó a la ciudad de los palacios del Gran Khan mongol, líder del imperio más grande y poderoso que hubo sobre el planeta. No van a creer las cosas que el monje vio allí, y tampoco van a creer la extensión que tiene este post :)

De la vida Odorico se sabe muy poco. Puede resumirse así: nació en 1286 en el Friul, uno de los 36 ducados que los lombardos crearon en el año 568; a los 15 años se incorporó a la orden de los franciscanos; cuando tenía 30 años, el Papa Juan XXII lo designó para realizar una misión: ir al oriente lejano. ¿Por qué razón? ¿Cuál era el objetivo de la misión? No hay un acuerdo unánime con respecto a este punto.

La hipótesis más verosímil es la que propone que Odorico fue enviado por orden de la Santa Sede en misión ecuménica, aunque se sospecha que el propio franciscano no era del todo consciente del verdadero propósito de la misión. En aquel tiempo, al Papado le preocupaba sobremanera la situación del Oriente lejano o, para decirlo con exactitud, le preocupaba no saber qué es lo que estaba ocurriendo por aquellas tierras.

El detonante de la misión fue la invasión mongola de 1241. Luego de este episodio, las misiones de la Santa Sede hacia oriente se aceleraron. Otros monjes cristianos viajaron hacia el oriente en misiones ecuménicas. Fueron viajes duros, de privaciones y sufrimientos y muchas veces fatales. Uno de estos viajeros fue Guillermo de Rubruck, monje franciscano que en 1253 viajó a la corte del Gran Khan mongol para pedirle su conversión al cristianismo y una alianza contra el Islam. Lo mismo que la misión llevada poco más de una década antes por Giovanni del Pian del Carpine, también por orden de la Santa Sede, la misión de Guillermo de Rubruck fracasó. Lo mismo podría decirse del viaje de Odorico si, como se supone, tenía por objetivo convertir al soberano mongol al cristianismo.

En 1241 el ejército mongol, literalmente, arrasó la tierra desde Asia hasta Europa, sometiendo al señorío tártaro, invadiendo Polonia y Hungría, cruzando el río Danubio y llegando con su embestida hasta Albania. En Albania cesó el avance mongol y, misteriosamente, las tropas del gran Khan se retiraron. ¿Qué había pasado? ¿Porqué los mongoles se detuvieron en Albania?

Se temió que los mongoles hubieran querido anexar a sus dominios el continente europeo, pero para ese entonces el imperio mongol era inconmensurable y sus límites difusos y resulta difícil creer que se hayan lanzado a una aventura de esas proporciones.

Otros sostienen –y esta es la hipótesis de más peso entre los historiadores- que la avanzada se frenó porque se iba a reunir en los campamentos mongoles del bajo Volga, el Kuriltai, la asamblea de jefes, para elegir al nuevo soberano supremo y sucesor del Gran Khan Ogadai, muerto en 1242, en plena invasión mongola.

¿Qué hubiera pasado de no haber muerto el rey mongol? ¿Hasta dónde habrían llegado de continuar con la imparable embestida? Por supuesto, nadie en aquel momento podía haberlo sabido; incluso hoy, no se sabe con seguridad cuáles podrían haber sido las consecuencias.

Dejando de lado estas especulaciones, y volviendo al punto de vista de la Santa Sede, la cuestión de más urgencia para la iglesia católica era extender los dominios de su fe hacia el oriente. Esa era la causa de algunas de las misiones enviadas a tierras lejanas y desconocidas. Estos viajeros eran los ojos de la iglesia, eran espías y evangelizadores, propagadores de la fe cristiana.

Taido, sede del Gran Khan

De todas las cosas que describe Odorico en su relato, voy a comentar solo una: su visita y estadía en la desaparecida ciudad de Taido, residencia y sede principal del Gran Khan mongol, el hombre más poderoso del planeta.

Cuenta Odorico que el palacio del soberano mongol estaba rodeado por un gigantesco muro y contaba con 12 puertas de acceso. Adentro se encontraba el palacio principal y otras grandes mansiones. Había un monte artificial –“el más bello del mundo”- y un gran lago. El monte y el lago se comunicaban por un puente y allí convivían una gran cantidad de especies animales que el soberano utilizaba para cazar.

En el interior del palacio principal había 22 columnas de oro y grandes pieles de color rojo -“que se cuentan entre las más nobles del mundo”- cubrían los muros interiores. En el centro de este palacio, dice Odorico,  “hay una gran piña cuya altura es mayor de dos pasos, constituida por una piedra preciosa llamada mérdica (jade)”. Por lo que Odorico cuenta después, podemos adivinar que la piña podría ser una fuente. Dice el fraile sobre este punto: “está totalmente ornada en oro, en cada ángulo hay una serpiente de oro que abre con fuerza la boca. Redes de grandes perlas, de un palmo de dimensión, penden de esta piña. A través de ella pasan las bebidas por un conducto que existe en el palacio del rey. Cerca de esta piña hay muchos vasos de oro con los cuales todos aquellos que así lo deseen pueden beber”.

Son varios los artilugios o mecanismos de este tipo que describe Odorico a lo largo de su relato, algunos realmente fantásticos, como los adornos con forma de pavos reales de oro: “cuando alguien quiere festejar al señor todos se dirigen allí (adónde están los pavos reales) y baten las manos por turnos y entonces los pavos reales mueven sus alas y parecen bailar. Esto sucede por arte diabólica o por algún artificio subterráneo”.

La fastuosidad del Gran Khan pareciera no tener límites. Para tener una idea de la magnificencia del soberano imaginemos que cada vez que ofrecía una cena, a la que invariablemente concurrían todas sus esposas, descendientes y demás personajes cortesanos, se congregaba una multitud de miles de personas, que eran atendidas, todos en un mismo salón, por “4.000 barones con coronas en la cabeza” y que cubrían sus cuerpos “solamente por perlas que valen más de 15.000 florines”.

Todo en torno al Gran Khan era igualmente proporcional: disponía de 400 médicos personales de todas partes del mundo y con distintos conocimientos de su ciencia; contaba con 13 grupos distintos de sirvientes, constituido cada grupo “por no menos de 10.000 histriones”, y otros 15grupos de sirvientes que se ocupaban de las bestias y los pájaros.

Era tan inconmensurable el imperio mongol que estaba dividido en 12 grandes regiones que, a su vez, se subdividían en otras 12 subregiones, algunas, como la subregión “de Mansi que tiene bajo sí unas 2.000 grandes ciudades”, además de más de 5.000 islas.

Teniendo en cuenta lo anterior ¿Se imaginan la dimensión del ejército mongol o, mejor dicho, de los ejércitos? ¿Se los imaginan avanzando sobre sus poderosos caballos ocupando varios kilómetros de frente por la llanura por otros tantos kilómetros de fondo? Al respecto, un dato: cada vez que el soberano se movía dentro de su reino, cuatro ejércitos lo acompañaban desplegando una fastuosidad actualmente impensada. Lo hacía sobre un carro de oro, perlas y piedras preciosas tirado por cuatro elefantes, y fuertemente custodiado; de la misma manera viajaban sus descendientes y concubinas, que se contaban por decenas.

Verlos atravesar las ciudades, valles y mesetas debió haber sido un espectáculo similar a ver un exótico desfile de freaks o una de esas viejas caravanas con personajes de feria, porque el rey no salía sin sus animales ni sus atracciones personales. Dice Odorico apropósito de uno de estos viajes: “son infinitas las bestias extrañas de tantas suertes, entre las cuales había seis caballos que tenían seis pies y seis patas cada uno. Y vi dos grandísimos avestruces y dos pequeños detrás de ellos con dos cuellos cada uno y dos cabezas, con las cuales comían”.

Odorico también observó entre las rarezas del Gran Khan “hombres y mujeres completamente peludos, cubiertos de pelo gris que tienen forma humana y que comen frutas y bebidas que el señor ordena que se le den”. También, el fraile vio hombres con un solo ojo en la frente, mujeres con pechos descomunales y piernas largas que comía con los pies, y un gigante que andaba con dos leones, uno rojo y otro negro y que al parecer era quien cuidada los felinos del rey.

El itinerario y la narración

Odorico partió de Padua hacia Constantinopla en 1318 (voy a mencionar las ciudades más destacadas conservando los nombres antiguos) y de allí siguió rumbo a Armenia, pasando por Erzerum y en Monte Ararat, para pasar después a Tauris en Persia. El camino siguió por Soldania, Kashan, Persépolis, Shiraz, desde donde pasa al Kurdistán para dirigirse a Bagdad. De allí navega por el Golfo Pérsico hasta Ormuz, donde vuelve a embarcarse hacia Tana de Salsetta. El periplo continúa por Malabar, Pandarini, Cranganor y Kulum. Posteriormente recorre Ceilán, Malipur, Sumatra, Java, Borneo, Champa y Cantón. En China recorre Fou-kien, Zaitún, Chekian, Yang-chau, Cambalech. Luego, también en China, va a Tenduc y Shen-si hasta alcanzar Lhasa, en el Tibet (se supone que Odorico fue el primer occidental en ver y relatar la vida en la capital del Tibet, desde donde emprendió su regreso).

La “Relación de viaje” de Odorico Da Pordenone  es un relato del tipo “mirabilia” (libro de las maravillas o de cosas admirables) que está enfocado a dar testimonio de las cosas extraordinarias y exóticas. Y todo oriente, en aquellos tiempos, lo era para los ojos de cualquier europeo. Hacia fines del siglo XIV el relato de Odorico había sido traducido a varios idiomas y su lectura era el deleite de los reyes, príncipes y demás personajes cortesanos alfabetizados. Si tenemos en cuenta que las copias se hacían a mano y la cantidad de gente que sabía leer era ínfima, no es errado decir que la “Relación de viaje” de Odorico fue lo que hoy llamaríamos un best-seller, como también lo fue el Milioni de Marco Polo.

El final

Fray Odorico de Pordenone regresó a su tierra en 1330, luego de más de doce años de viaje y con la salud deteriorada. Ni siquiera pudo escribir él mismo su crónica del viaje. Postrado en la cama, le dictó su aventura a un hermano franciscano. Odorico murió el 14 de enero de 1331 en un convento en Udine, llevándose a la tumba “otras muchas cosas que no las hice escribir pues muchas de ellas eran casi increíbles si no las hubiera visto con mis ojos”.

La primera versión en español de los viajes de Odorico fue realizada por la Dra. Nilda Guglielmi y publicada en Argentina en 1987 por la editorial  Biblos, en su Colección Historia. Es la versión que yo leí, y que encontré en ese paraíso librero que es Parque Rivadavia. Si alguna vez lo ven por ahí, no duden en comprarlo.

3 Comentarios

  1. Dos ideas de porqué el Papa envió a Odorico a Oriente. 1) A buscar una alianza con los mongoles contra el enemigo común: los árabes islamitas. 2) A buscar una alianza con el mítico Preste Juan, un rey-monje cristiano de Lejano Oriente. Y eso se relaciona con una novela de Umberto Eco, “Baudolino”, donde el protagonista viaja a Oriente exactamente a eso.

  2. Sabés Wence que en la línea de Odorico hay otro viajero, bautizado (eurocentristamente, por supuesto) como “El Marco Polo musulmán”: Ibn Battuta. Más o menos por la misma época viajó de Marruecos a China. Escribió un libro de crónica de sus viajes que vengo persiguiendo hace años, pero no pude encontrar. Ni siquiera pude confirmar si existía una edición en castellano. Abrazo!

  3. Me encantó tu crónica. Iba a mencionar a Marco Polo pero Alejo me ganó de mano.
    Cuando era chica me regalaron las crònicas de Marco Polo y algunos pasajes me dieron miedo o impresión, sobre todo la relación de algu as de las costumbres de los mongoles. Por qué será que estos adelantados europeos cuentan tabtas fantasías sobre Oriente? Por lo distinto, que les habrá estimulado la imaginación? Se habrán enfermado o intoxicado y la fiebre les jugó una mala pasada? Sería interesante, pero i posible, averiguarlo.

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