turismo rural en las flores

Turismo rural en Las Flores

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A un paso de Buenos Aires, la localidad de Las Flores propone un típico escenario pampeano para disfrutar de múltiples alternativas de turismo rural. Además de la propia ciudad, un racimo de otras pequeñas localidades – Rosas, Villa Pardo, Parque Plaza Montero, Coronel Boerr- brindan experiencias de gastronomía, históricas, culturales y, sobre todo, un marco escénico natural para los amantes de la fotografía y donde cada habitante tiene una historia para contar.

Argentina, siglo XIX. Como un animal mitológico, el ferrocarril extendió sus tentáculos por toda la geografía del país. A su paso, sobre todo en la provincia de Buenos Aires, surgieron pueblos y sueños y el antiguo “desierto” arrebatado al indio desbordó de riquezas cerealeras. El ferrocarril fue el símbolo y materialización de un proyecto de país y de los intereses del Imperio británico. Cuando el ferrocarril desapareció, los pueblos, los sueños y las esperanzas de miles de familias se desvanecieron. La cultura campera antes alentada por un sistema de producción fue abandonada a su suerte. Los interminables kilómetros de vías muertas que aún yacen en la llanura pampeana son las cicatrices de una época que los libros de historia llaman “esplendorosa”.
Argentina, siglo XXI. En la actualidad, algunos de estos pueblos sobrevivientes intentan renacer de la mano del turismo. En el Partido de Las Flores, en la provincia de Buenos Aires, diminutos parajes como Villa Pardo, Rosas, Parque Plaza Montero y Coronel Boerr lo están intentando con distintos emprendimientos y proyectos vinculados al turismo rural. La Dirección de Turismo de Las Flores me invitó a conocer lo que están haciendo y sobre eso trata este post.

turismo rural en las flores

En el siglo XIX el ferrocarril dio origen a muchos pueblos de las zonas rurales y productivas del país

Las Flores es una ciudad chica o un pueblo grande, como se lo quiera mirar. Es uno de esos lugares donde los mismos vecinos suelen decir “acá nos conocemos todos” y donde las bicicletas se dejan en la vereda sin candado. En el área propiamente urbana, las calles son anchas, arboladas y sonoras, sobre todo por las mañanas, cuando los pájaros reciben el amanecer. Las Flores está ubicada sobre la Cuenca del Río Salado, a 187 kilómetros de la ciudad de Buenos Aires y se accede fácilmente por la RN3; como alternativa, puede utilizarse el ferrocarril que parte de la Estación Constitución, dos veces por semana, y que une la ciudad de Buenos Aires con Tandil.

Más adelante voy a dedicar un post exclusivo a Las Flores, ahora quiero contarles sobre algunas cosas que descubrí por los alrededores:

museo adolfo bioy casares de villa pardo turismo rural en las flores

Las vías del ferrocarril atraviesan la localidad

Empiezo por Villa Pardo, un paraje que se encuentra a unos 35 kilómetros de la ciudad y que se originó, como los otros parajes que voy a mencionar, con el paso del tren y el desarrollo de la actividad agrícola y ganadera. El lugar es conocido porque allí se encuentra la Estancia Rincón Viejo que, además de haber sido escenario de algunos acontecimientos durante la revolución mitrista de 1874, fue el lugar donde pasó gran parte de su infancia y adolescencia el escritor Adolfo Bioy Casares (la estancia, originalmente propiedad del abuelo del escritor, aún continúa en actividad pero no está abierta al turismo). De todas formas nos acercamos hasta la tranquera, porque nos quedaba de paso y porque ya que estábamos allí no íbamos a desaprovechar la oportunidad de echar una mirada.

Villa Pardo tiene una estructura clásica: las vía del ferrocarril, la estación con un paso a nivel en cada lateral y un par de calles paralelas a los rieles. Eso es lo que podríamos llamar el núcleo urbano. El lugar es mínimo y hermoso, dénsamente arbolado y lleno de pájaros (voy a insistir con los pájaros porque me sorprendió ver tanta cantidad y variedad de especies en cada sitio que visitamos). Además de la Delegación Municipal, una plaza, una pequeña capilla y los viejos corrales de feria y remate de ganado que se abren como un laberinto esquelético a la sombra de gigantescos eucaliptos, está la antigua estación, muy bien conservada y que, en la actualidad, alberga lo que fuimos a ver: el Museo Adolfo Bioy Casares.

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Casa típica de Villa Pardo

En el museo se exhiben una gran cantidad de fotografías históricas y algunas más actuales, entre las que impactan las de la inundación de la década de 1980. También se conservan muchos objetos vinculados a la actividad ferroviaria y de la estación, como unos “teléfonos” de acero que deben pesar más de 100 kilos y que, supongo, debían servir para las comunicaciones entre las estaciones o los pasos a nivel; pero además vi otros objetos, como una máquina utilizada durante la guerra de Vietnam para realizar radiografías. Por supuesto, hay algunas fotos y libros del escritor.

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Teléfonos con los que se comunicaba el personal que realizaba el cambio de vías y otras maniobras

Luego de la visita al museo fuimos a conocer Yamay, también en Villa Pardo. Se trata de un proyecto basado en la permacultura que se desarrolla a unos dos kilómetros de la estación. Iniciado en 2008, el proyecto se basa en tres ejes: social, educativo y turístico. Lo lleva adelante Marcelo junto con Juan Manuel y Juan Manuel (sí, les dicen, obviamente, los juanmanueles). Yamay consta, por ahora, de dos edificios construidos bajo los conceptos y filosofía de la permacultura y que utiliza materiales como barro, madera de la zona, cañas y vidrio. Detrás de Yamay hay un ambicioso proyecto turístico que contempla la construcción de cabañas y una laguna. Y si bien por ahora no reciben a turistas, Yamay desarrolla diversas iniciativas con la comunidad local (realizan un mercado con la filosofía de comercio justo con productores locales) y con grupos educativos temáticos; por ejemplo, llevan adelante actividades de supervivencias, acampes, talleres sobre ecología y permacultura y con aficionados al astroturismo o turismo astronómico. El total aislamiento y la no contaminación lumínica hacen del lugar un punto ideal para observar el cielo nocturno.

En el predio, sumergido en una paz total, solo se oye el viento filtrándose por entre las hojas de los eucaliptos, acacias y sauces… y los pájaros. De todo lo que vi, lo que más me llamó la atención fue el “fresquero”: se trata de una “heladera” sin electricidad que funciona con un sistema de aireación natural que logra una diferencia de entre 5 y 10 con la temperatura ambiente exterior. Por supuesto, no hay electricidad en el lugar y el agua se obtiene de un ingenioso artilugio que extrae el agua de las napas subterráneas. Yamay es una propuesta en desarrollo para un público muy especial aunque en crecimiento, un público que gusta de lo agreste y de alojarse en casas con techo de pasto y grifería de caña.

Yamay permacultura turismo rural en las flores

Establecimiento Yamay

Parque Plaza Montero es otro paraje que visitamos. Hasta aquí, a unos 20 kilómetros de la ciudad, llegamos para conocer el establecimiento Stella Maris. Un camino de tierra flanqueado por alamedas, y que divide campos donde pastan vacas gordísimas, nos conduce hasta una tranquera donde somos recibidos por Guillermo y su esposa Stella Maris. En una galería, a la sombra de una parra, nos espera una mesa llena de quesos, fiambres y otros productos de elaboración artesanal. Nos rodea un inmenso parque arbolado donde destacan los rosales y unas gallinas que picotean la hierba celosamente custodiados por robustos gallos de cresta roja. Entre los pinos y eucaliptos sobrevuelan los grandes caranchos, tijeretas, zorzales y hasta un cardenal tan manso que se acerca a comer migas a la mesa prácticamente de nuestra mano.

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En este paraíso viven Guillermo y Stella Maris desde hace tres años cuando decidieron venirse de Temperley. “Nuestra idea es recibir familias o parejas que quieran pasar un día de campo con nosotros”, cuentan nuestros anfitriones. Con este objetivo están construyendo una casa amplia y confortable casa de huéspedes en un predio rodeado por árboles frutales, un campo donde come un gran rebaño de ovejas y los corrales donde vemos algunos caballos. Entre las actividades que están planeando ofrecer hay cabalgatas, caminatas, observación de aves y paseos hasta una laguna cercana que abarca unas ocho hectáreas dentro de su campo. Guillermo y Stella Maris nos cuentan que en breve, a principios del año que viene, esperan terminar la casa y empezar a recibir a los primeros visitantes.

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Nuestro itinerario nos lleva luego hasta Rosas, un paraje habitado por poco más de un centenar de personas. Aquí visitamos la Capilla Nuestra Señora de Luján, inaugurada en 1931 y el impecable predio de la vieja estación convertido hoy en Delegación Municipal. En su época de apogeo Rosas albergó alrededor de 1.500 almas. De ese tiempo queda el recuerdo y algunas construcciones, como una fábrica de quesos abandonada, los talleres y galpones del ferrocarril, un bar y un almacén de ramos generales que proveía a toda la zona.

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Capilla Nuestra Señora de Luján – Rosas

A partir de este patrimonio histórico y cultural se están desarrollando algunos proyectos con el objetivo de llamar la atención sobre el lugar. Ya hay unas flamantes cabañas frente a la capilla, sobre una encrucijada de caminos de tierra que se bifurcan hacia el horizonte y, a unas pocas calles de la estación, el delicioso emprendimiento A Casa Mía. Es una propuesta gastronómica que lleva adelante Ivana junto a su novio y sus padres, Roberto y Blanca.

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Antigua estación de Rosas

En su propia casa, nos reciben con una larga mesa servida con manjares que no podemos creer. Todo casero, panificados y repostería casera elaborada allí mismo con sus propias manos. Nos sentamos en torno a una mesa atiborrada de tortas fritas, palitos saborisados, tortas de manzanas, muffins, galletitas dulces, tortas y tés fríos de mezclas de hierbas. A Casa Mía provee a los habitantes de la zona, algunos comercios y alojamientos de Las Flores, realizan delivery y servicio de banquetes. Y a partir de ahora, han abierto su casa a los visitantes para ofrecer, además de su gastronomía que incluye asados, estas exquisiteces de dulces y repostería de la que, profesional y minuciosamente, dimos cuenta.

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Dando cuenta de las exquisiteces ofrecidas en A Casa Mía

Charlando con Ivana, me cuenta que estudió gastronomía, que trabajó en Buenos Aires en restaurantes de Puerto Madero y que realizó una experiencia de formación en Italia. Ahora volvió a vivir a Rosas y a apostar al desarrollo de su pueblo. Como si fuera poco todo lo que nos ofrecen, mientras conversamos y tomamos mates, Roberto, integrante de la Nueva Orquesta de Tango de Las Flores, tocó el bandoneón y el acordeón para nosotros aunque ninguno se animó a bailar.

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Roberto y su bandoneón poniéndole música a la tarde

La última parada de nuestro recorrido por los alrededores de Las Flores fue en Coronel Boerr, ubicado a unos 7 kilómetros de la ciudad. El paraje surgió en las tierras de la estancia del vanidoso militar, quien donó las tierras para la construcción de la estación del ferrocarril con la condición de que la misma llevara su nombre y rango.

Aquí conocimos una panadería que funciona en el cruce de dos caminos de tierra desde hace más de cien años y que tiene una larga y loca historia detrás que la reservo para otro post. Ahora solo voy a contar que, junto con todo lo que mencioné antes y otros emprendimientos que no alcanzamos a visitar, la panadería completa la oferta de turismo rural que se está armando en Las Flores. El establecimiento tiene la particularidad de funcionar de manera artesanal y con horno a leña. Elaboran exclusivamente galleta de campo respetando una larga tradición familiar. Nos cuentan que hubo un momento en que la continuidad de esta tradición atravesó un momento de duda, pero por suerte Ramiro (hijo de Roberto, un gran personaje de quien ya hablaré) apostó con quedarse a vivir en el lugar y continuar con el oficio y la responsabilidad heredados. La idea es que en breve, los turistas que se alojen en el Hotel Gran Avenida de Las Flores (uno de los organizados de nuestro viaje) puedan visitar la panadería, conocer la historia del lugar y del emprendimiento y, lo más interesante, elaborar artesanalmente su propio pan para, al día siguiente, luego de ser horneado, puedan disfrutarlo durante su desayuno en el hotel.

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Ramiro junto a su madre preparando las galletas

Finalmente, si bien Las Flores es un destino que ya recibe al turismo, todo esto que visité y que cuento acá recién se está armando, se encuentra en estado embrionario, pero constituye una gran apuesta a la ampliación de su oferta de turismo rural, a su identidad campera y al futuro del destino.

Agradecimientos: a Cristian Chiodini, Director de Turismo de Las Flores; a Mariel y Rodolfo Meyer, gerentes del Gran Hotel Avenida; a Raúl Cristian Mendivil, asesor / promotor del INTA; a Palomino Viajes; a Omar Zunino, del restaurante El Caballito; a Eduardo Ramiro Zurro, del Restaurante y bar Las Vías; a Ivana, de A Casa Mía y a todos los que amablemente nos abrieron las puertas.

Para más información sobre Las Flores pueden consultar:

www.lasfloresnatural.com.ar
Pagina de Facebook de Las Flores
www.granhotelavenida.com.ar
www.palominoviajes.com.ar

4 Comentarios

  1. Realmente Las Flores e uma cidade encantadora.Lindaaaaaa…. QUEM conhece se Apaixona.♥

  2. Así es Denize, Las Flores tiene un encanto muy particular. Gracias por pasar y comentar, saludos!

  3. Pingback: Museo Adolfo Bioy Casares de Villa Pardo | blucansendel

  4. Me alegre mucho encontrarme con el pueblo de mi padre y tal vez pronto el mio, en este Blog con un nombre tan raro. Lo conozco porque lo visito y con parientes hemos vivenciado la vida campestre. Tal vez en algùn momento pueda aportarle, yo fotos y ustedes datos sobrela historia de RosaS.

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