Nain Maggie: la señora de la casa de té

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Hablaba con un amigo acerca de la historia de la Patagonia. Puntualmente, la historia de los colonos galeses de la región. Decíamos que no es difícil rastrearla si se tiene un propósito, aunque éste no sea más que contar una simple historia.

Caminábamos por la calle cuando pasamos frente a la vidriera de una panadería que exhibía una gran colección de tortas. Él dijo algo sobre una que se veía demasiado explosiva. Yo le comenté que recientemente había estado en Trevelin, en Chubut, y que había comido torta galesa.

Le conté que había estado paseando durante horas por Trevelin. Ya había visitado el Molino Nant Fach, el Museo Regional Molino Andes, el Área Nacional Protegida Nant y Fall, y había caminado por el lecho casi seco del río Percy, cuando entré a la casa de té Nain Maggie.

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Un llamador suena cuando abro la puerta. El lugar es pequeño y acogedor, un salón con una docena de mesas y una chimenea. A través de la ventana se ve un jardín y entra la luz del sol. Elijo una mesa junto a la única ventana que da a la calle.

Susana me da la bienvenida y llena la mesa de exquisiteces dulces que, al instante de verlas, sé que no podré acabar con todas ellas. Hay rodajas de pan hecho con harina molida en el Molino Nant Fach y manteca y dulces caseros de grosellas y ciruelas para untarlas. Hay un par de trozos de queso y también miel. Y un scon del tamaño de una pelota de tenis. Susana me explica que primero hay que comer lo salado y luego lo dulce: una porción de tarta de frutillas, una porción de tarta de crema, una porción de tarta de manzanas, una porción de torta marmolada de vainilla y chocolate y una porción torta galesa. Para acompañar todo esto Susana deja sobre la mesa una tetera llena de té caliente. Antes de que se aleje hacia otra mesa le advierto a Susana que no soy buen amigo de las cosas dulces pero que de todas maneras voy a probar todo lo que ha servido.

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Mientras bocado a bocado cumplo con mi palabra, miro alrededor. En las paredes hay palabras pintadas que tienen el mismo significado tanto en idioma galés como en español. Es un mini diccionario mural. Leo: cyrans = corintos; peren = pera; egroes = rosa mosqueta; blas = sabor; bara = pan; menyn = manteca; traddodiad = tradición; hanes = historia.

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Y en la pared, enmarcada detrás de un vidrio, hay también una hoja de periódico. Es una página del Diario Esquel con fecha del 4 de febrero de 1978. Se trata de una entrevista a una mujer, Maggie Freeman, con motivo de su cumpleaños número 100.

Por esa hoja me entero que Maggie Freeman fue una de las pioneras del valle cordillerano. En el artículo, la mujer centenaria cuenta su periplo. Dice que salió de Trelew en agosto de 1891 rumbo al valle 16 de Octubre. El Territorio Nacional del Chubut había sido creado poco tiempo antes. Allí llegó con otros colonos, luego de una dura travesía a través de la estepa, tres meses después en noviembre de ese año.

El viaje había estado plagado de inconvenientes: su padre había perdido el vagón, tirado por caballos, en el que viajaban y transportaban sus pertenencias; uno de sus hermanos se había salvado por milagro de ser aplastado por la rueda de un carro; en el camino nació una de sus hermanas. La familia se mudaba a la cordillera porque el canal con que irrigaban sus cultivos de trigo en la costa chubutense se había secado.

Maggie recuerda que en los primeros tiempos en el valle no habían sido fáciles. Para comprar los “vicios” (productos básicos como yerba, azúcar, fósforos, telas, tabaco, etc) los colonos tenían que viajar hasta Trelew. Ese desplazamiento implicaba un mes de ida y otro de regreso. Por lo demás, los colonos elaboraban quesos y manteca y cultivaban la paja para hacer los techos de sus casas y, de a poco y con sacrificio, se las iban arreglando. En 1903 Maggie Freeman contrajo matrimonio y se fue a vivir a Trevelin.

En un momento de la charla, el periodista le pregunta a la mujer qué diferencias ve entre aquella vida de los comienzos de la colonia y la vida actual. Maggie le contesta que antes la vida era más alegre porque no vivían ajustados a horarios ni trabajaban apurados, como ahora, para poder comprar las cosas que los satisfacen. “Nosotros trabajábamos más tranquilos y nos divertíamos más”, dice Maggie Freeman.

En algún momento, Susana se acerca a la mesa para ver si todo va bien. Aprovecho para preguntarle si el retrato de la señora que está al lado del artículo es Maggie Freeman. “Sí -dice Susana- ella era mi bisabuela. De ella aprendió mamá todo lo que nos enseñó a mí y a mis hermanos”. La Casa de Té se llama así por ella.

Valle 16 de Octubre en Trevelin, provincia de Chubut. Aquí llegó Maggie en 1891.

Valle 16 de Octubre en Trevelin, provincia de Chubut. Aquí llegó Maggie en 1891.

Como decíamos con mi amigo mientras caminábamos, la historia de la colonización galesa no está tan lejos como para no poder apreciarla de manera vívida. Están los testimonios orales; los relatos de los viajeros y las fotografías; los textos de los colonos escritos con pluma y tinta; sus objetos personales y herramientas de labranza. Están también sus descendientes. Como Susana, son los nietos y bisnietos de aquellos pioneros los que siguen contando y haciendo la historia de los galeses en Chubut. Es un buen plan ir a conocerla, dijo mi amigo. Sí, es un buen plan, dije yo.

 

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