Didgeridoo: sonidos fuera del tiempo

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Terminal de Ómnibus de Bariloche. Abro la puerta y lo primero que me llama la atención es un sonido: electrónico y subacuático, esponjoso y vibrante. Sale de un palo de poco más de un metro de largo, y grueso como una lata de gaseosa, que sopla un hombre que está sentado en el suelo; el músico tiene los ojos cerrados y también toca un tambor. A su lado hay un gorro con algunas monedas y billetes adentro.

En la terminal no hay mucha gente, pero debo esperar dos horas y media para subirme al micro que me llevará hasta Buenos Aires. Por la mañana nevó y ahora hace frío y afuera soplan fuertes ráfagas de viento. Me derramo en un banco frente al ventanal y veo, del otro lado de los andenes, a los árboles que se doblan haciendo reverencias. Y más atrás, el lago Nahuel Huapi agitando olas con espuma.

Estoy bastante cansado como para ponerme a leer, pero no tanto como para dormirme un rato. Me dedico a estar allí, derramado en el banco y escuchando el sonido que a mi espalda crece y se expande. El pequeño tambor chamánico crea una base rítmica y monótona, de escasa variación, sobre la que van creciendo y enredándose las melodías que salen del cilindro de madera. El sonido me envuelve, me transporta; siento la vibración en mi cuerpo, un desplazamiento. Entonces dejo que la mirada flote en el agua del Nahuel Huapi y me voy relajando.

Jorge tocando el didgeridoo en la Terminal  de Ómnibus de Bariloche.

Jorge tocando el didgeridoo en la Terminal de Ómnibus de Bariloche.

Vuelvo a prestar atención a lo que pasa a mi alrededor cuando una mujer me toca el brazo para preguntarme la hora. La primera impresión es que he visto mal o que el celular se ha vuelto loco. Según el teléfono faltan diez minutos para la salida del micro. ¿Cómo puede ser, si acabo de sentarme? Y estoy seguro que nunca me dormí. Chequeo la hora: en efecto, faltan diez minutos; suficientes como para acercarme y charlar un rato con el músico.

Se llama Jorge y es de Concepción, Chile; es ingeniero de sonido, hace reiki e investiga sobre música étnica y sobre las cualidades sanadoras del sonido. Acaba de llegar de Santa Cruz, Argentina, donde participó del Rainbow o “encuentro arco iris”, un evento que convoca a los interesados en las disciplinas holísticas y de sanación. Durante varios días de convivencia en un campamento, los practicantes de estas disciplinas comparten sus saberes, investigaciones, sistemas y métodos con el objetivo de complementar y potenciar sus conocimientos individuales.

Jorge está investigando las virtudes sanadoras del didgeridoo, que así se llama el instrumento que ejecuta. Según me cuenta, el didgeridoo es de origen australiano aunque se sabe que también lo han utilizado los mayas. No es complicado aprender a tocarlo y la clave está en lograr la circularidad de la respiración: “Te olvidás de vos mismo”, dice y me cuenta una anécdota.

Una mañana, en el campamento Rainbow, mientras un grupo de participantes preparaba el desayuno comunitario, él se puso a tocar el didgeridoo para acompañarlos. Se sentó en la playa, frente al mar, supongo que con los ojos cerrados, y comenzó a soplar. Allí, de cara a la inmensidad, el didgeridoo sonaba de manera mágica y se expandía por todo el campamento. Estuvo un buen rato. “Para mí había estado tocando quince o veinte minutos, pero me dijeron que fueron más de dos horas”, dice Jorge.

Me sorprende que diga eso porque escuchándolo para mí el tiempo ha pasado volando. Se lo comento. “Sí -responde-, cuando toco me concentro en la respiración y me olvido de mí, es como si estuviera fuera del tiempo”.

No hablamos mucho más porque el micro ya está en el andén. Saludo a Jorge y le pregunto si tiene algo grabado que pueda escuchar por Internet. Me dice que no, pero que acaba de comprarse una consola y que apenas llegue a Concepción se va a poner a grabar.

Por supuesto no voy a aguantarme hasta que Jorge grabe su música. De vuelta a casa me pongo a buscar videos e información sobre el didgeridoo en Internet. Encuentro cosas alucinantes y descubro que el didgeridoo se utiliza tanto para música de meditación, ritual, fusión, etc. hasta con instrumentos clásicos y cosas más vanguardistas como música electrónica y drum & bass. Si buscan en Youtube encontrarán de todo.

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