Caminata al pozón del Arroyo Covunco (secretos de la Ruta 40)

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Atraviesa el país de sur a norte. Desde Cabo Vírgenes en la Patagonia, en la entrada del Estrecho de Magallanes, hasta la Puna jujeña en el límite con Bolivia. Es una vidriera natural de más de 5.000 kilómetros de extensión. A cada paso, a la vuelta de cada curva, la Ruta 40 exhibe sus múltiples y variados atractivos y también esconde algunos secretos.

Es cierto que Zapala está en desventaja con respecto a otras ciudades en cuanto a “atractivos turísticos”. No la vamos a encontrar en ninguna guía y las agencias de viajes nunca nos la van a ofrecer. En verano hace mucho calor y en invierno mucho frío; el viento sopla fuerte y no hay lugar al que no llegue el polvo. Sin embargo, como es mi caso, cuando la motivación del viaje es la amistad, los fenómenos meteorológicos se transforman en un complemento positivo del “atractivo humano” y ya no importa si la ciudad tiene museos, monumentos, personajes, bellezas naturales o historias que contar. Sin embargo, todo esto lo tiene Zapala.

Fue durante el mismo viaje en que descubrí la historia de El vuelo de Cenobio que conocí el pozón del Arroyo Covunco. Era una calurosa tarde de verano cuando surgió la idea de ir a darnos un chapuzón por ahí y antes de que pudiera preguntarme “¿adónde vamos a ir?”, en la caja de la camioneta ya estaban el mate, las botellas de agua y el Capitán Piluso, el inseparable compañero de Andrés, nuestro anfitrión zapalino, y unos minutos después rodábamos por la Ruta 40 hacia el norte.

El grupo en plena caminata atravesando el Covunco. Capitán Piluso es el de cuatro patas :)

El grupo en plena caminata atravesando el Covunco. Capitán Piluso es el de cuatro patas :)

El pozón del Covunco se encuentra a unos 25 km de Zapala y está ubicado en un tramo del arroyo que atraviesa el territorio de la comunidad mapuche Quinchao. Avanzamos con la camioneta hasta donde nos lo permitió un alambrado y la dejamos a la sombra de un sauce; luego completamos a pie los kilómetros que nos separaban del pozón. La tarde no podía ser más espléndida y no teníamos apuro, íbamos andando despacio, disfrutando el hermoso escenario natural que a cada paso se iba transformando y sorprendiéndonos.

Durante el camino tuvimos que cruzar varias veces el arroyo hacia una y otra orilla; el fondo del cauce era peligrosamente resbaloso pero el agua, que en algunos puntos nos llegaba hasta las rodillas, era transparente y nos permitía ver donde poníamos los pies. Yo sufría con la cámara en la mano, todo lo contrario a Capitán Piluso que correteaba como loco de acá para allá.

El escenario que atravesábamos estaba hecho de sol, viento y silencio. A veces caminábamos bordeando el arroyo por un delgado sendero que seguía una orilla; otras veces, lo hacíamos por formaciones rocosas de distintas edades y orígenes.

Camino que atraviesa la comunidad mapuche Quinchao

Camino que atraviesa la comunidad mapuche Quinchao

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Cerca del pozón empezamos a caminar por un suelo rocoso

Cerca del pozón empezamos a caminar por un suelo rocoso

Finalmente, llegamos al Pozón del Covunco. Estaba en una curva en S, que hacía el arroyo antes de seguir su curso, junto a un alto murallón en cuya cornisa anidaban algunas aves. En medio del pozón crecía un sauce, sus ramas acariciaban el agua fría; era oscuro y profundo y estaba rodeado por un paisaje de otro tiempo.

Mientras el grupo, incluido Capitán Piluso, disfrutaba de un merecido chapuzón en el arroyo luego de la larga caminata, yo me fui a explorar los alrededores y a tomar unas fotos. Sentado en la cima de una extraña roca horadada por el tiempo, pensaba en Zapala. Pensaba que su clima y su geografía ponían a prueba la voluntad de los habitantes, pero también que, como un dios algo sádico aunque benévolo, recompensaba su persistencia en querer habitarla con joyas naturales como el pozón del Covunco.

Las aguas del pozón son muy tranquilas y frías

Las aguas del pozón son muy tranquilas y frías

Andrés y Capitán Piluso no se separan nunca y son visitantes frecuentes del pozón

Andrés y Capitán Piluso no se separan nunca y son visitantes frecuentes del pozón

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Nadie en varios kilómetros a la redonda, el pozón para nosotros solos

Las chicas aprovecharon para tomar sol

Las chicas aprovecharon para tomar sol en una exclusiva playita de roca milenaria

La roca horadada por el tiempo y el clima

La roca horadada por el tiempo y el clima

Las formas que adquieren las rocas alrededor del pozón hablan un lenguaje sereno que invita a pensar

Las formas que adquieren las rocas alrededor del pozón hablan un lenguaje sereno que invita a pensar

Ahora ya lo saben. Si alguna vez andan por Neuquén de paso hacia el norte, hacia Caviahue, o hacia el sur, camino a San Martín de los Andes, deténganse un día en Zapala. Tómense un tiempo para explorar y descubrir la ciudad y sus alrededores, a su gente y su historia. Degusten sin prisa los secretos que guarda la Ruta 40.

Luego de la excursión regresamos a Zapala con la última luz de la tarde, cuando el sol ya estaba muy cerca del horizonte

Luego de la excursión regresamos a Zapala con la última luz de la tarde, cuando el sol ya estaba muy cerca del horizonte

4 Comentarios

  1. Hermoso Wence!

  2. Pingback: Quinchao Mapuche Community and the Covunco Stream Pool · Global Voices

  3. Hermoso. Siempre hay lugares así para descubrir.
    Estas fotos me ayudan a visualizar un poco cómo debe haber sido el lugar donde mi abuelo hizo el servicio militar, justamente Covunco. Sin conocerlo, ese lugar y sus historias forman parte de mi niñez. Gracias.

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