del caminar sobre hielo

Del caminar sobre hielo, de Werner Herzog

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Los que siguen a Werner Herzog están acostumbrados a sus locuras cinematográficas, pero las locuras en papel son una novedad. Del Caminar sobre hielo es la crónica del viaje que Herzog hizo entre Munich y París, en 1974, caminando.

A fines de 1974 Herzog recibió un llamado telefónico desde la capital francesa donde le avisaron que Lotte Eisner estaba muy enferma y a punto de morir. La noticia shockeó a Herzog, y luego de colgar el teléfono, como él mismo explica en el libro, “Agarré una campera, una brújula y un bolso con lo estrictamente necesario. Mis botas eran tan sólidas y nuevas que confiaba en ellas. Tomé el camino más recto hacia París, con la firme creencia de que ella seguiría con vida si yo iba a pie”. En línea recta, de Munich a París hay unos 850 kilómetros.

del caminar sobre hielo

¿Por qué reaccionó así Herzog? ¿Quién era Lotte Eisner? En 1974 Herzog era un treintañero que junto a otros directores de cine estaban, de alguna manera, reflotando el cine alemán que había sido cercenado por la Segunda Guerra Mundial. Un nuevo cine emergía en Alemania pero nadie lo sabía, hasta que a Lotte Eisner se le ocurrió escribir sobre el tema.

Lotte Esiner nació en 1896 en Berlín y dedicó toda su vida a investigar, promover y escribir sobre cine. Fue la última persona que poseyó un conocimiento integral sobre la historia del cine alemán desde sus orígenes. Fue la primera crítico de cine de Alemania y una pensadora muy influyente. Su ensayo más famoso es La Pantalla demoníaca (1952). Cuando el nazismo tomó el poder en Alemania, Eisner se exilió en Francia, donde vivió el resto de su vida. Y fue ella quien lanzó al plano global, quien legitimó, a la generación de cineastas de la que era parte Herzog.

Se entiende así que Herzog, un ser humano extremadamente apasionado, haya reaccionado como lo hizo, huyendo de una situación incómoda o buscando una solución mágica. Cómo sea, Herzog se largó a caminar y Del caminar sobre el hielo cuenta ese viaje que se extendió entre el 23 de noviembre y el 14 de diciembre de 1974.

El relato es muy raro, pero es raro por lo puro y literal. El autor aclara que para la publicación del libro suprimió las partes más íntimas del diario. Lo que quedó es un relato tan minuciosamente real que por momentos se torna surrealista. Da la sensación que Herzog mira a través de una cámara y lo que va viendo se plasma en su diario. Y esa cámara se mueve de un lado a otro constantemente.  Pasa del bosque, a un paquete de cigarrillo, a la lluvia, a un dolor en la pierna, al silencio, el cielo. Son frases cortas, ágiles, contundentes, muy visuales.

Desde lo literario, el aporte se da en un recurso que utiliza varias veces y que consiste en que en medio de una de las descripciones, sin aviso, luego de una coma, arranca con el relato de otra historia, breve, que a veces es auto concluyente y a veces te hace preguntarte de qué está hablando este tipo.

Lo que se cuenta en Del caminar sobre hielo no es un viaje de descanso, es un viaje atormentador contado por un viajero atormentado. Pero el relato no se hunde en lo metafísico y existencial, sino todo lo contrario, está absolutamente a nivel humano, a la altura de la cotidianidad de la vida de las personas con las que se cruza en el camino. Son pocas las personas con las que se involucra durante el viaje y más bien busca la soledad.

La mayor parte de la caminata la realiza bajo la lluvia o neviscas, por carreteras solitarias, a través de bosques y campiñas, por pequeñas localidades.  Por las noches, cuando puede, fuerza algunas casas deshabitadas para dormir o lo hace en posadas o donde lo agarra la oscuridad. Camina muchos kilómetros por día, demasiados, tanto que enseguida un dolor en una pierna se mete en el relato.

No es un típico relato de viaje, es una especie de catarsis en formato narrativo. Acá les dejo una muestra:

“Jueves, 5/12

Partida bien temprano a la mañana. El tic-tac del despertador que había encontrado en la casa sonaba tan traicioneramente fuerte cuando la dejé que volví a meterme, lo agarré y lo tiré un trecho más adelante entre la maleza. Ni bien pasé Fouday se largó un aguacero espantoso, lluvia mezclada con granizo, las nubes negras no vaticinaban nada bueno. Busqué refugio debajo de un árbol en la oscuridad previa al amanecer. Debajo, la ruta; más allá del arroyo, las vías del tren. Qué cosa más desoladora. Recién un poco más adelante se largó en serio. Me acuclillé en la ruta bajo los abetos, envolviéndome en la capa de lluvia, pero eso ya no es de mucha ayuda. Los camiones pasan bramando sin verme a mí, el animal, bajo las ramas. Por la colina sube una colorida huella de nafta. Aguacero muy intenso. Me coloco como si fuera un elemento del bosque. Pero después un campesino en ciclomotor me terminó distinguiendo. Se detuvo brevemente, me miró extrañado y dijo Monsieur, nada más. Mirar cómo se tambalean los abetos sacudidos en cámara lenta por la tormenta con movimientos de rotación y de molienda me da mareos, un vistazo alcanza para dejarme al borde del desmayo en medio de la ruta. Aparece una orquesta, pero no toca, sino que está enfrascada en una discusión infernal con el público sobre la decadencia de la música. Hay una mesa larga y un músico sentado bien adelante. Está completamente ensimismado y se pasa los dedos por el pelo de manera tan  extraña y patética que me hace reír hasta que me duele el cuerpo. Frente a mí, un arco iris que me confiere de pronto el más absoluto optimismo. ¡Qué signo ante y sobre aquel que camina! Todos deberían caminar.”

Pero lo más sorprendente es el final de Del caminar sobre hielo, simultáneamente realista y fantástico.  Por supuesto, no lo voy a develar.

El libro incluye, además, un mapa y un epílogo. El epílogo es el discurso que Herzog pronunció en 1982 en ocasión de la entrega del Premio Helmut Käutner a Lotte Eisner (la lectura del epílogo nos ayuda a atar cabos acerca del atípico relato). Eisner murió en 1983.

Del caminar sobre hielo (1978), de Werner Herzog – Publicado en Argentina en 2015 por Editorial Entropía.

Poste restante, de Cynthia Rimsky es otro libro de la colección Crónicas de Editorial Entropía que reseñé en el blog.

2 Comentarios

  1. Si Herzog fuera catolico (qque no se si o es o no), diria que hizo una peregrinacion para pedir por al salud de Lotte Eisner. Caminar tiene efectos terapeuticos en lo fisico y lo espiritual mas alla del aspecto religioso.

    • Es buena tu hipótesis Ana, pero no sé si será católico. En el relato no dice nada que pueda llevarte a pensar en algo religioso. Me inclino, en todo caso, por la última opción de la doble terapéutica.

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