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Viaje de un maturrango, de J. B. Ambrosetti

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Viaje de un maturrango, de Juan Bautista Ambrosetti, es la crónica del primer viaje a la región chaqueña que realizó quien luego sería reconocido como el iniciador de los estudios científicos del folklore en Argentina.

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En 1885 un joven Ambrosetti de veinte años se suma a una expedición militar que parte desde Buenos Aires con el objetivo de recorrer el sistema de fuertes militares distribuidos por la región chaqueña de Argentina.

Se trata del viaje iniciático de un joven “científico” contagiado por las ideas liberales y progresistas que predominaban en el pensamiento de la élite que a finales del siglo XIX comenzaba a darle forma a una idea de país; sin embargo, Ambrosetti, entrerriano de nacimiento, no adscribía de lleno a la ideología e idiosincrasia de la “Generación del 80” y muchas veces condenó los abusos y falta de ética de la clase política dominante.

Y también advirtió, luego de visitar en este viaje algunas reducciones indígenas, sobre inutilidad de intentar inculcarles a los indios la doctrina cristiana y los principios de la fe católica.

Ambrosetti, a sus veinte años, si bien tenía una amplia y sólida formación intelectual –autodidacta- aún conservaba una visión idealizada, tal vez ingenua, del poder político y económico y de las ciencias. Su objetivo era conocer, estudiar y divulgar los recursos naturales de la patria en formación para su beneficio y desarrollo.

Como fuera, este primer viaje fue iniciático y revelador. Salir de la burbuja culta y amanerada de la metrópolis y darse de lleno con la realidad del interior, con la dura vida de los soldados de frontera, los pioneros de las zonas arrebatadas a los indios, con el salvajismo de la selva, empezó a moldear una nueva forma de ver el mundo.

Ambrosetti tuvo la sensibilidad suficiente, a medida que empezó a viajar por otras regiones del país, para ir enfocándose en lo humano, en lo producido por el hombre, tanto en el plano de la más dura realidad como en los planos simbólicos y metafísicos: la cultura.

De esta manera, Ambrosetti fue conduciendo su interés inicial por el naturalismo (era admirador de Alexander von Humboldt) por los estudios etnológicos y antropológicos (ciencias aún no consolidadas como tales en estas tierras) para desembocar en el estudio del folklore, disciplina de la que se lo reconoce iniciador e investigador de referencia.

El Viaje de un maturrango de Ambrosetti se inicia en el puerto de La Boca y navegando por el río Paraná llega a Corrientes; de allí pasa a Santa Fe y continúa hacia el norte hasta el Chaco. El viaje se hace en caravana, a caballo y con mulas.

Lo gracioso es que al momento de iniciar la travesía Ambrosetti no sabía andar a caballo. Esta y otras cosas curiosas, lo mismo que anécdotas y observaciones de todo tipo quedan registradas en su libreta. Y la libreta en sí misma es un personaje del viaje, como corresponde a un viajero que se precie de tal. Transcribo algunos párrafos:

-Sobre un tramo del viaje, meramente descriptivo y con un toque de humor: “…Al rato empezó a caer una garúa fría y molesta que nos hizo poner los ponchos; seguíamos bajo un cielo melancólico, triste, envueltos en aquel polvo de agua menuda que caía acompasada, mojándonos implacablemente. Y todavía hay quien cree que la garúa no moja. Las mulas, al pisar descortezando el suelo mojado, resbalaban a cada instante, lo que nos hacía levantar los brazos que probaban entonces el peso de los ponchos mojados. Sobre las plantas y los pastos brillaban las gotas de lluvia, titilando sobre las hojas. El horizonte se perdía entre la bruma, y el cielo, poniéndose cada vez más sucio, pesaba sobre nuestros ojos dándonos sentimientos de angustia leve. Nadie hablaba; cabizbajos, aburridos, fastidiados en grado sumo, seguíamos mirando el camino carretero trillado que estampaba rítmica y constantemente la huella de las mulas. Un viento frío, despiadado, colándose hasta los huesos, arremolinaba a intervalos la garúa que nos azotaba el rostro, sobre todo en la nariz. Pobre nariz, a pesar de tener el alto honor de llegar antes que uno lo paga bien caro.”

-Sobre la actitud indolente e indiferencia de los indios con respecto a comprender y adoptar la vida del progreso y las costumbres de la civilización occidental y cristiana: “… arrancados de la selva los traemos a nuestras ciudades para que se mueran de viruela o pulmonía o para que sirvan de mucamas o soldados. Como buen partidario de la libertad individual, me ha gustado dejar que cada uno viva y piense como quiera, y no he podido comprender el afán de civilizar y catequizar a los que no quieren ser ni civilizados ni cristianos… El egoísmo blanco, el egoísmo cristiano, naturalmente tiene que chocar con la vida feliz de los pueblos; vida feliz, porque la felicidad es relativa, y cada cual la entiende a su modo. Nosotros podemos y evolucionamos en el sentido del progreso, pero no nos fijamos que en ese mismo progreso rápido y vertiginoso llevamos nuestra muerte”.

Viaje de un maturrango y otros relatos folklóricos de J. B. Ambrosetti fue publicado por el autor en 1893 con el seudónimo de Tomás Bathata. El término “maturrango” significa “alguien que no sabe andar a caballo” y era utilizado de manera peyorativa por los criollos para referirse a los españoles durante las guerras de Independencia.

Esta edición es de Taurus (2005) –Grupo PRISA– y, además de la crónica del Viaje de un maturrango, incluye otros textos y ensayos divididos en cuatro ejes temáticos: Ámbito chaquense y litoral; Ámbito noroéstico; Ámbito patagónico; y Ámbito pampeano; y la sección de Cuentos de Tierra Adentro, relatos publicados por Juan Bautista Ambrosetti entre 1903 y 1907 en la revista Caras y Caretas con el seudónimo de Fray Tetera.

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