la alondra casa de huespedes

La Alondra Casa de Huéspedes en Corrientes

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La Alondra Casa de Huéspedes, un pequeño hotel boutique que ocupa una casona centenaria reciclada en la capital correntina. Buena gastronomía y ambiente familiar.

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Durante el viaje a Corrientes para visitar la ciudad capital y los Esteros del Iberá en la localidad de Ituzaingó, uno de los hoteles donde me alojé fue La Alondra Casa de Huéspedes.

La Alondra Casa de Huéspedes es un hotel boutique de lujo que tiene 15 habitaciones. Está ubicado sobre la Av. 3 de abril, la principal avenida de la ciudad de Corrientes, disimulado atrás de un pequeño muro tapizado de vegetación.

A simple vista parece una construcción más, pero apenas atravesar el patio delantero y el breve pasillo de entrada aparecen las sorpresas.

 

Lo primero que vemos, a la derecha, es la Biblioteca Bar, un lugar sobrio, con piso de madera y bibliotecas que llegan hasta el techo, con chimenea, y cómodos sillones. Durante mi estadía vi que este lugar era usado por algunos huéspedes para cenas íntimas (hay una o dos mesas pequeñas) o para tomar un trago luego de la cena.

Un paso más adelante y a la izquierda se encuentra la Sala de reuniones. Es una sala alargada dominada por una larga mesa como para veinte personas. Está disponible para reuniones de trabajo, presentaciones y pequeños eventos.

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Frente a esta sala está El Bistró, el área más activa del hotel. Además de los huéspedes, el restaurante es frecuentado todos los días, al mediodía y a la noche, por correntinos que gustan de sus platos.

El restaurante tiene una parte principal donde están la mayoría de las mesas y la barra de su bar. Está rodeado por paredes hechas con ventanas recicladas y un gran ventanal da al patio exterior.

Del otro de estas ventanas, sobre los pasillos que llevan hacia la salida y al patio exterior, hay más mesas pero en una atmósfera más íntima, como para ir en pareja.

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Una noche comí en El Bistró y estuvo muy bien. Una de las particularidades que tiene es que utilizan muchos productos caseros de elaboración propia y, además, compran otros productos a proveedores de la zona. La mandioca está muy presente en los platos. Se sirve frita, como entrada o picada junto a otras delicias típicas, o como ñoquis. Los platos son de estilo gourmet pero abundantes. Hay pescados, risottos, carnes, pizzas a la parrilla, pastas.

Yo probé una hamburguesa de búfalo, sin pan, que estaba espectacular. La carta se renueva dos veces por año.

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El desayuno

En El Bistró también se sirven los desayunos: hay yogurt, cereales, frutas, dulces caseros, fiambres y unas medialunas riquísimas. Sin embargo, mi favorito fueron los chipás recién horneados.

La noche que cené en el hotel compartí la mesa con Valeria, la dueña del hotel. Me contó que el edificio que ocupa La Alondra Casa de Huéspedes tiene más de cien años. Ella y su marido la compraron para usarla de depósito y recién algún tiempo después decidieron transformarlo en hotel. Lo reciclaron y transformaron completamente, conservando lo esencial. Todos los muebles y objetos de ambientación y decoración (que los hay, muchos, y de todo tipo) fueron diseñados por ella y su marido o comprados especialmente para el lugar que ocupan. Por todo el hotel vemos desde jaulas de aves hasta juguetes y muebles, desde vajilla hasta piezas de cerámica y relojes.

El hotel está compuesto por dos zonas. Una es “Casa de Huéspedes”, que ocupa todo lo que vengo describiendo más el patio exterior y las 8 habitaciones originales que lo rodean. La otra zona es “El Salvador”, es la parte nueva del hotel donde se construyeron 7 nuevas habitaciones.

En el centro del patio hay una pileta y enormes plantas de mangos. También hay un área de mesas (para tomar un trago por las tardes) un horno de barro y una parrilla.

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Y alrededor de la pileta están las habitaciones: cuatro de un lado, en planta baja, y cuatro del otro: dos en planta bajo y dos en primer piso a las que se accede por escalera de hierro. Todo el día se ven y se escucha cantar aves en el patio. Es un lugar muy relajante y agradable, ideal para leer, escribir o trabajar con la computadora. O dormir una siesta en algunas de las reposeras.

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Las habitaciones

Yo ocupé una Suite de 80 m2 en el área Casa de Huéspedes, en el primer piso. Como todo el hotel, y el resto de las habitaciones, mi habitación tiene su propio estilo, ecléctico. La puerta tiene una llave convencional y se abre a una especie de living o recibidor.

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Cuando entré, dos alfajores de maicena me esperaban arriba de una mesa con patas con garras que aferraban una bola de cristal.

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De este ambiente se pasa al habitación donde está la cama, enorme, muy cómoda y con respaldo acolchado, de esas que te atrapan. Tiene una TV que no encendí nunca y un Split para climatizar a gusto; y también un ventilador de techo. Disponemos de varios tipos de luces que permiten generar diferentes ambientaciones.

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El baño es muy lindo y muy amplio. El piso es original, de baldosas con figuras geométricas en blanco y negro y la bañadera es antigua. A nuestra disposición tenemos  batas, pantuflas y secador de pelo. Los amenities son elaborados a base de yerba mate.

El baño tiene una ventana que da al patio y desde donde se ve la pileta.

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La habitación es bastante luminosa a pesar que las plantas de mango del patio exceden la altura de los ventanales. Los techos y pisos son de madera, y en las paredes hay fotografías antiguas de la ciudad de Corrientes.

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Hasta acá la parte original del hotel. Ahora paso a El Salvador, la parte más nueva de La Alondra Casa de Huéspedes inaugurada en una segunda etapa.

A esta nueva área se accede desde el patio a través de un pasillo que se abre hacia la izquierda. Lo primero que vamos a ver es otro patio, o más bien una galería, con muchos objetos como adornos, entre ellos algunos juguetes, piezas arqueológicas y hasta una bicicleta, donde también hay unas mesas donde se puede tomar algo en un ambiente abierto y tranquilo.

En esta parte se construyeron las nuevas habitaciones, algunas de las cuales se encuentran en el primer piso. También hay una oficina con una computadora de uso público, un pequeño gimnasio y el Galpón.

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El Galpón es un bar construido con chapas y maderas recicladas, es más informal que El Bistró, y se puede usar para tomar un trago a cualquier hora, mirar un poco de televisión, o sentarse a leer en sus cómodos sillones.

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Un mueble-barra ocupa uno de los laterales y del resto de la decoración destaca: una chimenea, un viejo reloj de 1820, una pequeña colección de candelabros y una araña de caireles que domina todo desde la altura del techo.

Una de las cosas que más me gustó de La Alondra Casa de Huéspedes es el ambiente familiar, o más bien de convivencia cordial, como si todos los huéspedes compartieran la casa de un amigo en común.

Más información en el sitio web del hotel

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