Los fantasmas de La Candelaria

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El Castillo – Estancia La Candelaria – Lobos, provincia de Buenos Aires

A veces, por las madrugadas, suena el piano y la música atrae la atención de los huéspedes insomnes que, llevados por la curiosidad,  abandonan las sábanas y bajan a la sala del castillo para descubrir, con asombro, que no hay nadie sentado frente al piano.

A veces, por las madrugadas, suena el piano y la música atrae la atención de los huéspedes insomnes que, llevados por la curiosidad,  abandonan las sábanas y bajan a la sala del castillo para descubrir, con asombro, que no hay nadie sentado frente al piano. Los visitantes suelen preguntar también por los ruidosos vecinos de habitación, lo que causa gran sorpresa a los anfitriones cuando confirman que dicha habitación se encuentra desocupada. Hay otros que admiten haber percibido una presencia, comentan haber tenido la sensación que había alguien más junto a ellos. Varias personas hicieron este comentario en diferentes épocas, aunque el hecho ocurre siempre en la misma habitación y a la misma hora.

Mientras Lucrecia, una de las propietarias de la estancia La Candelaria, me cuenta todo esto, observo de reojo las escaleras, los espejos, lo que nos rodea. Estamos en la sala de El Castillo, sentados al extremo de una enorme mesa negra rodeada por una docena de sillas macizas y torneadas. La luz que atraviesa los vitrales es muy tenue. En las maderas del techo y las paredes descubro símbolos y figuras de las que se desconoce el significado y, a mi espalda, siento la inevitable presencia del piano de la anécdota que acaban de contarme.

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El Castillo. Fue construido entre 1900 y 1905

El Castillo es -literalmente- un castillo, es el edificio principal de esta estancia ubicada en Lobos, provincia de Buenos Aires. Desde hace dieciséis años, La Candelaria  ofrece distintas alternativas de turismo rural en sus 400 hectáreas con bosques, jardines y piscina.

Lucrecia cuenta la historia de la estancia, que comienza hacia 1840 cuando un boticario de Lobos compra unos terrenos en la zona. Ya casado, e imposibilitado para tener hijos, decide con su esposa -Candelaria- adoptar una niña: Rebecca. Años más tarde Rebecca se casó con Manuel Fraga, un entrerriano de la alta sociedad de Gualeguaychú que fue presidente de la Sociedad Rural y del Jockey Club. Fraga, además, como correspondía a los de su clase, era un von vivant. Y un megalómano, como se verá. Fue él quien llevó a la estancia La Candelaria, luego de la muerte de su suegro, a su época de esplendor económico. En su apogeo, La Candelaria -símbolo de la Argentina “granero del mundo”- llegó a explotar 12.000 hectáreas de cultivos.

Durante uno de sus viajes a Europa, mientras navegaba por el valle del río Loira, Fraga vio un castillo que le gustó y lo quiso para él. Fue así que mandó a construir en su estancia de Lobos una réplica del mismo, en cuya sala me encuentro charlando. Lucrecia me da vía libre para recorrer el Castillo, excepto el sótano que, en otros tiempos y circunstancias, podría haber sido usado como calabozo. Recorro las salas y las habitaciones, donde destacan los mármoles de carrara y los muebles Luis XIV y Luis XV. Subo por crujientes escaleras, llego a los altillos, vacíos y frescos y que alguna vez albergaron una colección de armas. Una última escalera me deja en el techo. Veo las cúpulas de las torres del castillo mezcladas con las copas de las palmeras y los otros árboles del jardín.

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Detalle de una de las torres de estilo normando

Luego bajo y rodeo el edificio para tomar algunas fotos. El estilo arquitectónico es ecléctico. Tiene torres normandas y arcos góticos en la fachada. Fue construido entre 1900 y 1905 y todos los materiales fueron traídos desde Europa: piedras, maderas, muebles, vitrales, telas; incluso el arquitecto y el constructor fueron importados. El parque y los jardines, que originalmente tuvo 100 hectáreas e incluyó centenares de especies que aún se conservan, fueron diseñados por el botánico y paisajista Carlos Thays.

Frente a El Castillo aún sobrevive un puñado de palmeras originales de más de 40 metros. Y un poco más allá hay otra construcción curiosa: un molino holandés. Fraga lo mandó construir para alojar al especialista en telas que trajo de los Países Bajos con el objetivo de que se encargara exclusivamente de la decoración interior. En el parque que rodea al edificio veo un puente, flores, caballos que tiran de un carruaje, senderos que se pierden en el bosque y varias estatuas. Una de ellas me llama la atención. Es la de un perro en cuya base hay una inscripción: Tell.

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El Molino. Aquí se alojó el especialista contratado para ocuparse de los detalles textiles de El Castillo

Pregunto por la estatua y me cuentan que Rebecca, la esposa de Fraga, tuvo un perro al que quería mucho. Era un animal grande, blanco, un buen compañero de paseos. Cuando el perro murió, Rebecca lo hizo embalsamar y emparedarlo, con su propia forma, dentro de la estatua. Y allí está aún, sepultado en cuatro patas. Lucrecia también me cuenta que, a veces, cuando vuelven de las caminatas por el bosque, los huéspedes le preguntan dónde se habrá metido ese perro blanco que se cruzaron durante el paseo. Luego Lucrecia me dice que en La Candelaria no hay perros blancos.

Empieza a caer la tarde y debo emprender el regreso. Pero antes quiero tomar una foto a la estatua del perro. Cruzo todo el jardín y voy hasta el borde del bosque donde está ubicada la estatua. Estoy en esa tarea cuando de pronto noto una extraña calma. Instintivamente, antes de poner la rodilla en el piso para hacer foco y disparar, giro la cabeza y observo a mi alrededor; algo me inquieta. Me digo que debe ser la brisa que acaba de levantarse o las sombras que comienzan a cubrir el césped. Las hojas de los árboles producen un murmullo suave y adormecedor. Rápidamente, tomo unas cuantas fotos y me alejo de allí.

Cada tanto me doy vuelta con la sensación de que alguien me está siguiendo pero no veo a nadie, solo a la silueta de la estatua de Tell que, por efecto de la luz, parece que empieza a  avanzar hacia mí.

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Estatua de Tell, la mascota de la dueña de “casa”

Sobre Estancia La Candelaria

La estancia queda en Lobos, provincia de Buenos Aires, sobre la Ruta Nacional 205 a la altura del kilómetro 114,5. Desde la Ciudad Autónoma de Buenos Aires hay dos maneras de llegar: por la Autopista Ezeiza – Cañuelas y Ruta Nacional 205 (poco más de una hora y media de viaje); o por Autopista Acceso Oeste en combinación con la Ruta Nacional 7 y la Ruta Provincial 47 (poco más de dos horas de viaje).

En la estancia podemos alojarnos en algunas de las habitaciones de El Castillo, el Molino Holandés o en las habitaciones del casco. También se puede ir a comer a su restaurante o a pasar un día de campo y disfrutar de las distintas actividades que propone La Candelaria.

Visita su sutio web para contacto, reservas y más información.

12 Comentarios

  1. Muy buena crónica, hace rato que quiero conocer La Candelaria. Son muy costosos los servicios que ofrece?
    Ya que estamos con castillos y estancias, otro que me gustaría conocer es el de Estancia Villa la RAquel, a la vera de la ruta 2, en el partido de Castelli.

    Saludos!

  2. Hola Ariel, gracias por leer y por los comentarios che. Mirá, no tiene precios populares pero no es inaccesible tampoco. Ellos ofrecen un día de campo que incliuye comer, pasear, pileta, etc que costará alrededor de 400 pesos.
    Sé que hay varios castillos en la provincia, pero al de Villa Raquel no lo conocía, gracias por el dato. Abrazo, y saludos!

    • Hola Wenceslao,como estas..?? Hoy pase toda la tarde en La Candelaria.Su parque es hermoso.Me pregunte varias veces sobreo esta historia que contas..Deambulean poe el castillo su antiguos dueños…?? Aunque dicen que fueron personas muy solidarias,siempre se cetan distintas historias.No vi la Estatua de Tell….Si el Molino Holandes,sus vastos parques,de mas de 90 hectareas,y su magnifica casa.Pude ovservar que en la capilla descansan los restos de 4 de sus antiguos dueños.Aun permanecen en su propiedad,y por mucho tiempo o quiza decenas de años permanceran en el lugar.Alli descnsan en la paz de su castillo,y en la infinita paz de su capilla.

      • Perdon ..pero debo corregir errores.Donde dice deambulean,quise decir deambulan.Cetan debe leerse como cuentan,ovservar,debe leerse observar..

      • Hasta donde sé, no son los dueños, no me aclararon quiénes podrían ser los fantasmas. Las historias me las contó la actual propietaria. Pero sin dudas es un lugar muy hermoso, aunque no sé si me quedaría a dormir en El Castillo jaja

  3. Cuántaa historias interesantes. Me gustó la crónica también. Ahora me intriga saber por qué el sórtano está vedado…

    • Gracias Ana. El sótano,según me dijeron esa vez, simplemente estaba en desuso. Sé también que alguna vez pudo haber sido utilizado como calabozo improvisado, algo que no era raro hace cien años en algunas estancias.

  4. Muy buena cronica! Quisiera visitar el castillo pero no alojarme en él, con mi novio y amigos queremos conocer Lobos en el dia ir y volver y quiero visitar este hermoso lugar, su interior y exterios y sacarme algunas fotos. Tiene algun costo si vamos así? Gracias!

  5. no te creemos. paloma y Romina

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