castillo de dionisio

El Castillo de Dionisio, un sueño místico y surrealista

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En un paraje del norte de La Rioja, a dos mil metros de altura, hay un castillo delirante que encierra todo el pensamiento del mundo.

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No creo que la calle de tierra que nos deja frente a la puerta del castillo haya cambiado mucho desde 1973, cuando Dionisio Aizcorbe llegó a Santa Vera Cruz y se instaló en un terreno baldío. Entonces nadie sabía quién era ni de dónde venía, pero con el tiempo todos coincidieron en que era un tipo raro.

Allí, en completa soledad, al final de la única calle del pueblo y con sus propias manos, Dionisio Aizcorbe comenzó a construir su vivienda con piedras que juntaba de los cerros de la zona. Tenía 53 años y, en su cabeza, pensamientos que surgían como géiseres.

Y entre estos pensamientos había uno que era más fuerte que todos: el hombre es lo que piensa.

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Dionisio Aizcorbe admiraba al holandés que se cortó la oreja  y la idea de que todo apunta a que el hombre, por diferentes maneras y visiones, llega al concepto de la unidad o entidad superior.

Por eso el molino que vemos en la entrada al castillo y la simbología mística y religiosa que ocupa cada centímetro cuadrado del castillo. El Castillo de Dionisio es una obra de arte y pensamiento que, a lo largo de treinta años, Dionisio Aizcorbe fue construyendo con sus propias manos e imaginación.

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Apenas ingresamos al castillo, nos encontramos con figuras de deidades hindúes como Shiva, Visnú y Brahma, y no muy lejos vemos a Buda y a Jesús y pinturas murales que representan a San Jorge y a la orden de los rosacruces.

Chacras y mandalas, y un Ave Fenix, también decoran el castillo, junto a otras figuras (integradas a los muros del castillo que no tiene líneas rectas en su diseño) que homenajean a la mujer y que representan el renacer de todo lo vivo y a Osiris, el rey egipcio soberano de la tierra de los muertos.

También hay un barco vikingo tripulado por un macho cabrío, la serpiente kundalini y unos pequeños seres que son la metáfora de la eterna lucha del bien contra el mal.

La creación de Dionisio, su castillo, es, también, un deseo y un mensaje para la humanidad: significa la unión y armonía del hombre con la naturaleza y la fraternidad del ser humano como especie.

Dionisio Aizcorbe murió en diciembre de 2004 a los 83 años, dicen, luego de un ayuno voluntario. Su última creación fue el barco vikingo y, quién sabe,  tal vez en él vaya aún Dionisio navegando por el cosmos.

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¿Qué hacer en El Castillo de Dionisio?

Cinco años después de la muerte de Dionisio, Pedro Fernández rescató el castillo del abandono y la destrucción y lo puso en condiciones para contar la historia de su creador. En la actualidad, el Castillo de Dioniso es un pequeño paraíso colorido, floreado y bellamente parquizado que podemos recorrer a través de pasarelas.

Pedro vive en el castillo y allí recibe, todos los días del año, a los visitantes. Se puede ingresar y ver cómo vivía Dionisio y algunas de sus pertenencias, como una máquina de escribir, libros, muebles, fotografías y escritos de puño y letra de  Dionisio con sus ideas filosóficas.

Además, Pedro  ofrece otras actividades, como caminatas y trekking por los cerros cercanos y salidas de meditación o para hacer yoga.

Muchas de estas salidas terminan con una gran fogata y cena o mateada en la cima de un cerro con una impresionante vista del valle de Arauco, por lo que además estas salidas son adecuadas no sólo para los espíritus místicos, sino también para los fotógrafos.

Las guiadas las realiza el mismo Pedro –de gran carisma y simpatía- y durante los recorridos él va contando leyendas y la historia del lugar, donde aún podemos ver huellas de las culturas nativas que habitaron en esta zona de La Rioja.

Para ver todo lo que pueden hacer, cómo llegar y contactarse con Pedro pueden visitar el sitio web de El Castillo de Dionisio.

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