Visita a la Abadía del Niño Dios en Victoria

| 3 Comentarios

Muchos son los atractivos que tiene Victoria, en Entre Ríos. Unos de ellos es la Abadía del Niño Dios, un monasterio fundado hace más de cien años por los monjes benedictinos y donde hacen un dulce de leche que, dicen, es muy rico. 

El edifico es amarillo y tiene una torre que termina en una cruz. Desde hace más de cien años el sonido de sus campanas cae sobre el paisaje de lomadas suaves y verdeantes que lo rodea. El monasterio tiene un pequeño jardín florido al frente, techos de tejas y galerías con arcos que dan a un patio. Grandes árboles lo circundan. Fue fundado por los benedictinos en 1899 y es el primero de esa orden en la América hispana.

Abadía-del-Niño-Dios-Victoria

Pero la verdad sea dicha: no vinimos aquí movidos por la fe o el interés histórico, sino porque nos dijeron que los monjes elaboran el mejor dulce de leche de la zona y queremos probarlo.

La Abadía del Niño Dios está a un par de kilómetros del centro de la ciudad y es un lindo paseo para llegar caminando. Pero nosotros llegamos justo en ese fantástico lapso temporal donde toda actividad humana es suprimida: la siesta, y por supuesto los monjes están durmiendo. El local donde se venden los productos que los benedictinos fabrican está cerrado. Sólo un perro sale a recibirnos. De todas maneras, damos unas vueltas en torno al monasterio y entramos a la iglesia. En la fila de bancos de la izquierda, al fondo, hay una mujer. Es la única persona allí adentro. Tiene la mirada clavada en el frente, en el altar vacío, y así permanece hasta que nos vamos.

Abadía-del-Niño-Dios-Victoria

Entrada a la cripta

Afuera, en una de las paredes de las galerías que dan al patio, vemos un cartel que anuncia la existencia de una cripta. Una escalera desciende hacia ella. Unos pocos escalones nos dejan en una habitación fresca y húmeda, con poca luz. Los paneles con fotos y textos ubicados en un extremo del recinto cuentan la historia del monasterio. Abundan las fotos de monjes vestidos de negro y del edificio a lo largo del tiempo.

La cripta no tiene ventanas pero sí una puerta de vidrio, atada con cadenas, cerca de la que se echa el perro que nos acompañó hasta allí abajo. Del otro lado se ve el interior de una pequeña iglesia, con bancos y un altar, pero todo desordenado y cubierto de tierra. Los bancos están amontonados en un costado. De un costado se filtra una luz sucia y escasa. Una finísima nube de polvo flota en el ambiente.

Al mirar a través de la puerta da la impresión de que hasta hace unos segundos allí adentro hubiese habido una multitud que, cuando nos escuchó descender por la escalera, se esfumó como por arte de un hechizo; contrariamente, también tengo la impresión de que a ese lugar hace muchos años que no entra nadie, incluso más años de los que tiene el monasterio. Es raro, todo el conjunto parece de otro tiempo, como en una fotografía color sepia.

Con esas sensaciones salimos de la cripta. Y el perro, aún cuando lo llamamos para que suba la escalera con nosotros, se queda allí echado junto a la puerta, como custodiando un misterio que estuvo a punto de sernos revelado.

Abadía-del-Niño-Dios-Victoria

Finalmente, antes de marcharnos, nos entretenemos un rato en una feria que hay frente a la Abadía del Niño Dios, del otro lado de la calle. Allí -entre otros productos caseros y artesanales- encontramos el Monacal, el famoso dulce de leche de los monjes. Es muy rico, pero demasiado dulce y líquido para mí gusto. Me gusta otro, que tiene el poco original nombre de “Del Campo” pero una mejor consistencia. Además, en vez de venir en frasco viene en esos potes de cartón que me hacen recordar al dulce de leche de mi infancia. Y es muy rico también.

Abadía-del-Niño-Dios-Victoria

 

 

3 Comentarios

  1. Pingback: Historia del cerro de La Matanza – Victoria, Entre Ríos | blucansendel

  2. varias veces he visitado y permanecido en la clausura, pero esta vez me sorprendio
    la falta de higiene en los baños y el maltrato por parte del monje hospedero.
    que mala imagen deja, esto hizo que me retirara antes de lo previsto, y esta critica
    era la misma que hacian otras personas que alli se encontraban.

    • Hola Juan, una pena lo que decís. Te agradezco que lo comentes por acá para que los responsables de la abadía tomen nota y se hagan cargo.
      Saludos!

Deja un comentario

Campos requeridos marcados con *.