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Tu vuelo ha sido reprogramado

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Un aeropuerto es muy parecido a un zoológico humano. Con tiempo y observación podés descubrir muchas cosas. Crónica de una espera de cinco horas en el aeropuerto.

Cuando llego a Aeroparque y miro la pantalla de vuelos veo que el OY 550 de Andes Líneas Aéreas de las 12 está demorado. “La puta madre”, pienso, y esa es la segunda puteada de la mañana. La primera había sido una hora antes cuando tuve que correr el bondi; si no lo agarraba a tiempo el próximo pasaba… vaya uno a saber cuándo. Pero logré subirme y llegué con tiempo suficiente. Y como ya había realizado el web checking subí a Embarque y me senté cerca de la puerta 5. Desde mi asiento, y rodeado por japoneses, vigilo la pantalla donde en la casilla del vuelo a Puerto Madryn alternan las palabras Demorado – Delayed.

Comienza el período de angustia. De no saber a qué hora saldrá el vuelo. De mirar a cada rato la pantalla por si se producen cambios. De estar atento a lo que se anuncia por los parlantes. De no saber qué hacer.

Luego sigue el período de resignación y el proceso se cierra con el período de hastío. Entonces me pongo en modo videoclip y observo lo que pasa a mí alrededor.

Veo pasar una manada de una secta religiosa. Van todos vestidos de negro. No pueden ser otra cosa. Tienen cara de ser miembros de una secta religiosa. Si en un rato no encuentro algo que me llame la atención los voy a seguir para escuchar de qué hablan.

Un pelado panzón ya se clavó dos birras y no puedo asegurar que no se haya tomado otras antes. Parece ser el responsable de tres adolescentes con la cara llena de granos.

Noto con agrado que hay muchas mujeres que viajan con calzas, creo que está bien priorizar la comodidad para viajar, sobre todo si son muchas horas de vuelo.

Una niña con un spinner lo hace girar y lo mantiene rozándole los labios. Está como en trance y me aburro enseguida de mirarla.

Una horda de estudiantes aúlla cuando los parlantes anuncian el embarque de su vuelo a Bariloche. Egresados. Muy originales. Que lo disfruten.

Estoy concentrado escribiendo esta crónica en el celular cuando noto cierta presencia que me incomoda. Levanto la vista y me encuentro con tres miembros de la secta religiosa que me observan. Una chica rubia bastante ancha y dos pibes, uno a cada lado de ella y un poquito hacia atrás, como guardaespaldas. Intento sonreírles pero no me sale entonces ella dice: disculpa, no hablo bien español pero me gustaría practicar un poco contigo. Miro alrededor. Hay cientos de personas. ¿Por qué carajo me viene a hablar a mí? Le digo que habla bastante bien, y de verdad que hablaba bien, pero que me disculpe, que estoy trabajando y que en cuanto me dejen en paz debo escribir “Estoy concentrado escribiendo esta crónica en el celular cuando noto cierta presencia que me incomoda.”

Un niño pasa vestido de Batman. El pelado panzón va por su tercera cerveza comprobable.

Una mujer de mantenimiento con el uniforme de Serza se acerca y riega un ficus triste y polvoriento. Una pantalla pasa un vídeo que dice “estamos avanzando en la modernización de todos los aeropuertos del país”, pero no puedo seguir leyendo porque me distrae la voz del parlante que dice que otro vuelo está demorado y que dentro de media hora darán más información. Por supuesto, disculpamos las molestias. Somos razonables. ¿Cuál es el problema de esperar cinco o seis horas más?

Alerta. Papá, mamá y dos críos con zapatillas con luces se acercan. Se acomodan como a cinco metros. Es evidente que van a molestar y no tardan en demostrarlo. Nene se tira al piso de espaldas y le agarra los pies a nena, nena dice no y patalea, nene termina sacándole la zapatilla y la arroja unos metros hacia donde estoy sentado. Papá ordena andá a buscarla y nene va. Sentate, no, sentate, no, dice nene y se acerca al ventanal que da a la pista. Golpea el vidrio. No golpees dice papá, vení, nene se tira al suelo, levántate dice mamá, nene se levanta y le arrebata a nena un muñeco que tiene en la mano, no, grita nena, dáselo dice papá, dáselo, nene lo esconde en su espalda y ríe, dáselo, se lo da y se tira al piso, levántate dice mamá, levántate, pero el que se levanta es papá y tomándolo de un brazo lo sienta al lado de nena. Mamá les da una tablet y empieza Pepa Pig. Inmediatamente me levanto y me voy.

Me empieza a dar hambre. Hago una recorrida por los puestos de comida  y a ver cuál es la oferta. Veo a la rubia de la secta “practicando” su español con una nueva víctima. Pero no son los únicos, porque hay otros grupos practicando, supongo que también español, con otros pasajeros.

El ambiente está cada vez más caluroso y yo cansado de dar vueltas y escapar de las zonas de influencias de niños molestos y padres estúpidos.

Vuelvo a sentarme en un lugar  y aparentemente  no peligroso y cuento luces. Según calculo, en las salas de espera, de las puertas 1 a 16, hay unas 900 luces en el techo.

Me pongo a leer para ver si logro abstraerme por un rato.

Misión cumplida. Gracias a Juan Filloy y su libro Periplo me paso casi una hora recorriendo diferentes ciudades del mundo. ¡Qué buen libro!

Mientras busco qué comer y comprar donde me sienta menos robado me choca un mini Spiderman. El niño insecto rebota contra mi pierna y cae sentado. Lo ayudo a ponerse de pie pero mamá araña ya está a dos pasos para rescatarlo. En su mano tiene un sánguche de miga.

Camino una vez más entre la puerta 1 y la puerta 16 escaneando a los pasajeros: una chica gótica, un rasta, un cowboy. Una chica concentrada en un espejo trabaja en la obra barroca que son sus ojos; una mujer libra una lucha imposible para mantener su cabeza erguida. Entre cabezazo y cabezazo ha ido desparramando a su alrededor una bufanda, dos bolsas, un abrigo. Un par de anteojos de marco rojo están a punto de saltar desde la punta de su nariz. Durante once cabezazos más estoy expectante pero las gafas no caen y sigo caminando.

Me cruzo con el pelado panzón que pasa con otra birra. Lleva, al menos, cuatro botellas y tres marcas diferentes en el fondo del cementerio de birras que cuelga sobre su cintura.

Silvia González no ha llegado a embarcar y el avión ya se va a San Juan. Es el último llamado, Silvia.

Lo más emocionante que pasó hasta ahora fue ver cómo dos hombres de seguridad se llevaban un bolso azul. Alguien seguramente más aburrido que yo los fue a buscar y de lejos les señaló el bolso. Los de seguridad se miraron. Uno se adelantó y abrió el bolso con cierto recaudo. Luego echó un vistazo y sacó una libreta, una cartera pequeña de mujer y un suéter. Cuando miró a su compañero éste se encogió de hombros y se llevaron el bolso.

Por enésima vez debo reconectarme a la red de Wi Fi.

Ahora el mini Spiderman corretea a tres típicas chicas yanquis, esféricas, rosadas y translucidas.

Terminó comprando dos sánguches de miga, inconscientemente influenciado por mamá araña. Por supuesto fui robado.

Ya no sé qué hacer para no dormirme ni para no insultar a la señora que no le saca el sonido al teclado del celular. Parece que Claudia tiene muchos clientes en la peluquería, le dice al hombre que está sentado a su lado concentrado en una sopa de letras. Ummjú, le responde el hombre sin quitarse una Bic de la boca. La mujer sigue escribiéndose con Claudia pero ya no comenta más nada y pierdo el interés.

Por el parlante la voz dice que quien haya extraviado un bolso azul se acerque a no sé dónde para retirarlo. Lo dice solo en español.

Miro hacia afuera. El día es hermoso. Un hermoso día de invierno. No vi ni un pájaro a través de los ventanales en todo este tiempo. En realidad, no he visto ni un insecto. ¿Habrá insectos en el aeropuerto? Ya tengo nueva actividad.

Hago un par de viajes entre las puertas 1 y 16 pero no hallo ningún insecto. Observo con más atención en los puestos de comidas y los bares y nada. Incluso observo en la tierra del ficus a ver si descubro algún microorganismo o algo que se mueva pero no veo nada. Estoy tentado de revolver un poco la tierra pero no lo hago porque mi actitud empieza a resultar un poco extraña.

Por fin aterriza el avión de Andes.

Llaman a embarcar el vuelo de Andes con destino a Puerto Madryn.

Luego de cinco horas y medias subo al avión. Avanzo por el pasillo hasta la fila 37. Ya hay alguien sentado.Tengo ventanilla. Pido permiso para pasar y, muy amablemente, el pelado panzón se levanta.

6 Comentarios

  1. Muy bueno tu relato! Encima te tocó al lado del pelado cervecero! Me dejaste tarea para la vuelta vía AEP, si encuentro algún insecto lo documento! jajaja

  2. Muy bueno el relato. Y se puede traspolar tranquilamente a cualquier dia en cualquier aeropuerto Argentino.

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